Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LOS PARAJES DE LA SED
ATRAVIESO los parajes de la sed
allí donde desnudas las manos sólo palpan
las curvas simétricas del papel
que desoladamente cae
sobre vanos de puertas
escaparates de arena…
Un lienzo no sabe más que la tragicomedia
elevar ese acto de la infamia cuando los colores atentan
para hacerse sombra muerta
la luz que desprendida de lo oculto
ripia sus harapos de iris
corrompiendo así la belleza en los contornos…
Vaga heredad del ocaso
su filo proporciona la herida
ese risco que se filtra en las bufandas
y que nadie advierte sino en los andenes
cuando ya nada puede hacerse
sino silbar, pernoctar o ser nada…
Revienta la tarde en los espejos
en las distancias ya no hay tiempo
sólo la levedad de la espuma que difumina
cierto arrebol entre los cardos
porque ya dejó de llover y tenuemente
duermen las aves su pésimo lodazal de alas bizcas…
Cruzar entre estertores de trompetas
címbalos y claves deshonestas
la sinfonía jamás detendrá su jugarreta de abismo
asomarnos para elevar la hostia que no somos
velar porque siempre sea noche
en estos escenarios de pútridos comensales
con sueños en sus rodillas
y dolores en sus ojos…
Devolver el dolor a las mejillas,
poner un dedo, una mano, los dos brazos,
precaver así la historia funesta que orla
la paz insufrible en el camino
despotricar de quien arduamente
nos da a beber almíbares
de su único pebetero.
ATRAVIESO los parajes de la sed
allí donde desnudas las manos sólo palpan
las curvas simétricas del papel
que desoladamente cae
sobre vanos de puertas
escaparates de arena…
Un lienzo no sabe más que la tragicomedia
elevar ese acto de la infamia cuando los colores atentan
para hacerse sombra muerta
la luz que desprendida de lo oculto
ripia sus harapos de iris
corrompiendo así la belleza en los contornos…
Vaga heredad del ocaso
su filo proporciona la herida
ese risco que se filtra en las bufandas
y que nadie advierte sino en los andenes
cuando ya nada puede hacerse
sino silbar, pernoctar o ser nada…
Revienta la tarde en los espejos
en las distancias ya no hay tiempo
sólo la levedad de la espuma que difumina
cierto arrebol entre los cardos
porque ya dejó de llover y tenuemente
duermen las aves su pésimo lodazal de alas bizcas…
Cruzar entre estertores de trompetas
címbalos y claves deshonestas
la sinfonía jamás detendrá su jugarreta de abismo
asomarnos para elevar la hostia que no somos
velar porque siempre sea noche
en estos escenarios de pútridos comensales
con sueños en sus rodillas
y dolores en sus ojos…
Devolver el dolor a las mejillas,
poner un dedo, una mano, los dos brazos,
precaver así la historia funesta que orla
la paz insufrible en el camino
despotricar de quien arduamente
nos da a beber almíbares
de su único pebetero.
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