Los pétalos de rosas que cayeron
a fuerza de amor en espera,
fueron adornando
la vereda por donde venías,
y cuando te acercabas con alegría
veía tu figura diamantina de polvo de estrellas,
como concibieron los dioses a la misma Venus.
Entre los suspiros que acariciaban mi alma,
muchas de esos pétalos enrojecieron,
brotes volcánicos aparecieron sin calma,
y con tu mirada refulgente,
se abrieron los corazones
de manera incandescente,
para volvernos uno, sin enojos,
en el lecho de los pétalos rojos.