Le temo ala vos que prosa
En el desierto de mis sueños
Aquella que irradia un sin fin de lamentos
Le temo alas turbias manos
Que si se atrevieron
Esas de impalpable cordura
Y suave lujuria, cual aceite de oliva
Por tu cuerpo como en una virgen,
en la vendimia corría
Le temo a tu voz y a la mia,
Al silencio en el que se querían,
A los ojos grises y miradas frías
Que con cruel disimulo
Solo amor repetían
Le temo a quererte hasta volver hallarte
Y en mi miseria de palabras
El miedo vuelva a recitarte
Y talvez...
¡Volverán a colgar de tus labios sonrisas!
Aquellas que con gran disimulo
De rejo me devolvías
Y talvez
Ese día seas mia.