YagamiRaito
Exp..
Ahh, aquel gélido despertar,
Por la ausencia de mi amada,
Como postrado sobre el viejo andamio
Encontráseme pensando en lo mucho que la había amado.
Pero como podría yo olvidarlo,
Las tenues y tristes noches que velamos
Sobre la ya desolada cama,
Que de su fragancia, ya no quedaba nada.
No es de caballeros referirse así a una dama,
Pero bien que merecido se lo tenía aquella lacra,
Por un tiempo lo pensé, pero después de todo la deseaba,
Moribundo me encontrase por los vagos recuerdos de un gélido abril,
Del cual, del cual ya no queda nada.
Mirando sobe la ya vacía cama reflejase la figura de ella,
De la única, la que algún día arrancándome un suspiro
Me hiciese sentir como en el lugar llamado por los Dioses de antaño Olimpo
Vagos recuerdos entristecen mis ansias,
Mas el arrepentimiento de mi, de mi no se apiada.
Santísimos y ya olvidados Dioses,
Porque han de castigarme así,
Ya me bastaba con aquel gélido despertar,
Mas la ausencia de mi amada, por siempre estará,
Iracundo he de sentirme ya que a donde voy,
La desdicha me acompaña, algún vació a de inquietarme pensé,
¿Que había hecho? Que los santísimos tenían que recordármelo.
Débil y cansada ya se encuentra mi mente,
Mas las súplicas de aquella me reclaman,
¿Reclamarme que? ¡No puedo recordarlo!
¡Basta! Porque insitas que te recuerde,
Si he ya sepultado esta, aquella tu suerte,
Por lo mucho que me hiciste y proferiste
Lárgate demonio de deseos infames,
De recuerdos socavados por la triste partida de mi amada,
Yo ya te había enterrado,
Como es que has salido para atormentarme.
Pero ya nunca más has de importunarme,
Viejos recuerdos de pecados ya olvidados,
Hoy se irán junto conmigo a los viejos pantanos;
Donde una noche de arraigada lluvia la enterré en el olvido.
Por la ausencia de mi amada,
Como postrado sobre el viejo andamio
Encontráseme pensando en lo mucho que la había amado.
Pero como podría yo olvidarlo,
Las tenues y tristes noches que velamos
Sobre la ya desolada cama,
Que de su fragancia, ya no quedaba nada.
No es de caballeros referirse así a una dama,
Pero bien que merecido se lo tenía aquella lacra,
Por un tiempo lo pensé, pero después de todo la deseaba,
Moribundo me encontrase por los vagos recuerdos de un gélido abril,
Del cual, del cual ya no queda nada.
Mirando sobe la ya vacía cama reflejase la figura de ella,
De la única, la que algún día arrancándome un suspiro
Me hiciese sentir como en el lugar llamado por los Dioses de antaño Olimpo
Vagos recuerdos entristecen mis ansias,
Mas el arrepentimiento de mi, de mi no se apiada.
Santísimos y ya olvidados Dioses,
Porque han de castigarme así,
Ya me bastaba con aquel gélido despertar,
Mas la ausencia de mi amada, por siempre estará,
Iracundo he de sentirme ya que a donde voy,
La desdicha me acompaña, algún vació a de inquietarme pensé,
¿Que había hecho? Que los santísimos tenían que recordármelo.
Débil y cansada ya se encuentra mi mente,
Mas las súplicas de aquella me reclaman,
¿Reclamarme que? ¡No puedo recordarlo!
¡Basta! Porque insitas que te recuerde,
Si he ya sepultado esta, aquella tu suerte,
Por lo mucho que me hiciste y proferiste
Lárgate demonio de deseos infames,
De recuerdos socavados por la triste partida de mi amada,
Yo ya te había enterrado,
Como es que has salido para atormentarme.
Pero ya nunca más has de importunarme,
Viejos recuerdos de pecados ya olvidados,
Hoy se irán junto conmigo a los viejos pantanos;
Donde una noche de arraigada lluvia la enterré en el olvido.