Évano
Libre, sin dioses.
Los viejos no hablan entre sí.
Hablo de viejos,
de los que ya son viejos viejos,
tan viejos
como los jirones de sus almas.
No hablo de viejos de carne y de viejos de cuerpo,
hablo de viejos de mentes y dementes,
pues esos,
ya saben que de nada sirve hablar
con los que todavía están muertos.
Sí, sí, con los jóvenes muertos,
aquellos que creen que vale de algo
hablar y correr
unos detrás de otros, que hay
que hacer algo.
Los viejos, los viejos viejos,
saben que solo cabe esperar
a la vida sentados, unos enfrente de otros,
como ojos deseosos de ver demolidas
las estatuas viejas que ha esculpido cada uno
a base de lanzarse herramientas de viento
unos a los otros, a base
de golpearse con las prisas.
Los viejos saben
que aquel que ya no está muerto
ve las puertas en las que están postrados,
las que los sacan
de esto.
Yo no debería
ser tan,
tan viejo.
Hablo de viejos,
de los que ya son viejos viejos,
tan viejos
como los jirones de sus almas.
No hablo de viejos de carne y de viejos de cuerpo,
hablo de viejos de mentes y dementes,
pues esos,
ya saben que de nada sirve hablar
con los que todavía están muertos.
Sí, sí, con los jóvenes muertos,
aquellos que creen que vale de algo
hablar y correr
unos detrás de otros, que hay
que hacer algo.
Los viejos, los viejos viejos,
saben que solo cabe esperar
a la vida sentados, unos enfrente de otros,
como ojos deseosos de ver demolidas
las estatuas viejas que ha esculpido cada uno
a base de lanzarse herramientas de viento
unos a los otros, a base
de golpearse con las prisas.
Los viejos saben
que aquel que ya no está muerto
ve las puertas en las que están postrados,
las que los sacan
de esto.
Yo no debería
ser tan,
tan viejo.