Solaribus
Poeta veterano en el portal
Las nubes nocturnas
van disolviendo sus gasas,
hasta sembrar todo el cielo
de finas perlas.
Una de ellas, la más vistosa,
resalta entre sus hermanas.
Aparece brillando como bordada
con finos hilos
de paciencia y de plata.
Nadie sabe si aún ostenta
su masa en el espacio sempiterno
o si por el contrario ha perecido
hace milenios y su presencia,
proyectada en viaje póstumo,
continúa su tarea,
ingenua de muerte,
adornando aún,
acunando aún,
iluminando aún
el mar quieto que subyace,
convencida que aún respira
inmensidad de espacio.
Como a través de un túnel
imaginario,
se desplaza hasta la
pupila que la admira,
la idealiza,
la sueña,
la destina de imágenes
y la puebla de sentidos.
¿Y quién, con soltura
propia de astrolabio,
medir puede distancias
desde su luz hasta el alma,
desde su luz hasta los sueños,
desde su luz hasta
el sentido de las ansias más
recónditas y espesas que
el corazón deposita
en su magnitud numérica?
Sólo es posible imaginarla viva,
sin idearios,
sin solapas,
sin suposiciones matemáticas,
porque todo lo va iluminando
a su majestuoso paso.
¡Y cuántas oscuridades
va desintegrando a través
de su camino!
¡Y cuánta belleza va provocando!
¡Y cuántos mundos va atravesando
mientras aglutina miradas azoradas,
que conjugan sueños!
¿Es posible, acaso, meditar la
intensidad luminiscente
hasta trenzarla con camino,
lágrima y estrella?
¿Con abrazo que alcanza?
¿Con beso que rueda?
¿Con caricia que perfuma y sueña?
¿Con viajero que espera?
¡Si acaso posible fuera!
Si acaso al trazar un paralelo
entre el Amor y el Trayecto
de un viaje milenario,
fuese posible presentarlo
como la tésis engalanada
del doctorado de mi vida,
entonces yo bordaría
de tinta letra todo el cielo
para contar cómo es posible
amarte en tal manera
que aún, a milenios de mi muerte,
este amor siguiera iluminando
en vuelo sideral
todos los sueños,
todos los mares,
todas las constelaciones
y alcanzara para salvar a todas
las almas del eterno destierro
con tan sólo atraer sus
ojos un instante,
como un faro que rescata
en la tormenta sin ofrecer orilla,
pero alentando,
orientando de rumbo y de sentido.
En viaje de Amor estoy
hasta tu alma,
visitando de paso
el universo en cada punto,
en cada nadir,
en cada viento solar repentino.
Allí, donde nace cada quásar.
Y cuando al destino de tu océano
llegue, finalmente,
a morir de cuerpo y claridad
en dulce epílogo,
cada cometa hablará de
esta leyenda,
de este cariño de jazmines
y de estrellas.
De esta pasión de luna perfumada
y de sol entristecido.
Y apagará mi sed de infinito
tu agua de santa transparencia.
Y guardarán los cristales
de tu sal, mi luz,
que luego usará Dios
para crear universos nuevos.
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