Luceros de esperanza
la placidez de un sol enfermo
se posó amarillento por última vez
sobre su rostro triste
y de sus labios de cobre
emanó agónica una amarga queja:
¡Ayúdame!
No sé cuanto tiempo he habitado los predios del tormento.
Angustioso seol que robó todas las lágrimas de mis ojos.
He respirado el aire a gotas
gotas negras y funestas, faltas de vida, de amor y de ilusión.
Cuchillo letal, preludio de mi muerte lenta
cuando una muralla de tristeza me separó del mundo.
Desde adentro del círculo, agujero negro
lloró mi alma el cautiverio
hasta que las estrellas, conmovidas
también cayeron muertas de hastío
Así, silenciosa, enferma y moribunda
la encontré en mi camino.
Y para que no muriera
la alimenté con pedazos de mi alma.
La aurora me regaló el rocío
para humedecer sus labios.
De mi corazón le di al suyo los latidos.
Floreció su piel
cómo las rosas en la primavera
de mi boca a sus labios los besos todos puse
sin guardar ninguno para la sequía.
Maduraron pronto los recuerdos entre ambos
epitafios de amor escribimos con sangre de los dos
en secreto juramento.
Subí con ella a la cumbre del deseo
la noche nos mantuvo al filo
a cinco pasos de miseria
para caer a un limbo de desventura.
Pero el amor pudo mas que toda adversidad
en las tinieblas, hubo luciérnagas alumbrando nuestro camino.
Fui pavesa encendida para combatir el hielo que enfriaba su cuerpo.
Retuve la lumbre que traje del mas allá en mi vientre
para el inminente invierno.
Seguí ascendiendo con ella los escalones de la pirámide el amor
y hacia el horizonte de su cuerpo amado
me arrojé cómo una flecha
disparada por el arco de un faraón
buscando llegar a su alma.
En el vuelo, perdí los ojos
sentí el batir de alas sobre mi espalda
fui murciélago en caída libre
al abismo de su pecho.
Quedé atorado en la grieta donde se unieron sus dos senos
me derramé completo
Gota de rocío que se deslizó por la cumbre de sus pezones
y buscó refugio en su vientre.
Fue en su ombligo
donde vi cómo nacía un cuarto menguante
y sobre su monte de Venus
mis dedos anclaron los anillos de saturno
para guardar dentro de ella
mis luceros de esperanza.
L.O.D.M
Agosto del 2006
Cohelet.
la placidez de un sol enfermo
se posó amarillento por última vez
sobre su rostro triste
y de sus labios de cobre
emanó agónica una amarga queja:
¡Ayúdame!
No sé cuanto tiempo he habitado los predios del tormento.
Angustioso seol que robó todas las lágrimas de mis ojos.
He respirado el aire a gotas
gotas negras y funestas, faltas de vida, de amor y de ilusión.
Cuchillo letal, preludio de mi muerte lenta
cuando una muralla de tristeza me separó del mundo.
Desde adentro del círculo, agujero negro
lloró mi alma el cautiverio
hasta que las estrellas, conmovidas
también cayeron muertas de hastío
Así, silenciosa, enferma y moribunda
la encontré en mi camino.
Y para que no muriera
la alimenté con pedazos de mi alma.
La aurora me regaló el rocío
para humedecer sus labios.
De mi corazón le di al suyo los latidos.
Floreció su piel
cómo las rosas en la primavera
de mi boca a sus labios los besos todos puse
sin guardar ninguno para la sequía.
Maduraron pronto los recuerdos entre ambos
epitafios de amor escribimos con sangre de los dos
en secreto juramento.
Subí con ella a la cumbre del deseo
la noche nos mantuvo al filo
a cinco pasos de miseria
para caer a un limbo de desventura.
Pero el amor pudo mas que toda adversidad
en las tinieblas, hubo luciérnagas alumbrando nuestro camino.
Fui pavesa encendida para combatir el hielo que enfriaba su cuerpo.
Retuve la lumbre que traje del mas allá en mi vientre
para el inminente invierno.
Seguí ascendiendo con ella los escalones de la pirámide el amor
y hacia el horizonte de su cuerpo amado
me arrojé cómo una flecha
disparada por el arco de un faraón
buscando llegar a su alma.
En el vuelo, perdí los ojos
sentí el batir de alas sobre mi espalda
fui murciélago en caída libre
al abismo de su pecho.
Quedé atorado en la grieta donde se unieron sus dos senos
me derramé completo
Gota de rocío que se deslizó por la cumbre de sus pezones
y buscó refugio en su vientre.
Fue en su ombligo
donde vi cómo nacía un cuarto menguante
y sobre su monte de Venus
mis dedos anclaron los anillos de saturno
para guardar dentro de ella
mis luceros de esperanza.
L.O.D.M
Agosto del 2006
Cohelet.