Sommbras
Poeta adicto al portal
.
La playa es un lugar en el espacio cuando te sientes solo; el mar ancho, el sentimiento fuerte, el espacio abierto, las murallas cerradas, ninguna llave. Si tropiezas es fácil, es arena, pero luego te levantas y sientes emerger el derecho que tiene uno de abrazarse en alguna parte.
Nuevamente,
hay una vela encendida en mi corazón,
una lucecita que me arranca de la opacidad,
sombra que tu lejano beso apuñala,
le otorga un tono muy vivo,
y silencia mi diálogo con la oscuridad.
Podíamos haber sido tanto
girando en lo más pequeño,
que ahora no tenemos historia que navegar,
océanos lejanos estamos.
No te preguntaste nuestras posibilidades
cuando sin acabar la noche
hacíamos el amor, ay, luces de flash
que tengo plantadas en mi cerebro.
Podías prender fuego a la lluvia.
Todo en tu mirada era multicolor
tu sonrisa exquisita
tu delgada línea de voz
tu piel tan excitante a mi otro corazón,
debajo de su ropa tenías todo un catón.
Ay, mi cariño, tú,
las memorias agridulces que llevo conmigo.
Construiré una casa muy lejos
la llenaré de la luz que compartimos
todo te recordará, aunque,
bajaré más a esta playa para nadar, para lavarme
tus marcas que me impiden volar.
Sus ojos negros
eran los pozos más coloridos del mundo,
ella creía en la vida después del amor,
yo no,
quizá yo la ame más que nadie
pero, ay, él la ama mejor.
.
(de tanto en tanto, exclamo ay, porque escribir, hasta que se rompa el brazo, duele)
...
..
.
Jesús Soriano
.
La playa es un lugar en el espacio cuando te sientes solo; el mar ancho, el sentimiento fuerte, el espacio abierto, las murallas cerradas, ninguna llave. Si tropiezas es fácil, es arena, pero luego te levantas y sientes emerger el derecho que tiene uno de abrazarse en alguna parte.
Nuevamente,
hay una vela encendida en mi corazón,
una lucecita que me arranca de la opacidad,
sombra que tu lejano beso apuñala,
le otorga un tono muy vivo,
y silencia mi diálogo con la oscuridad.
Podíamos haber sido tanto
girando en lo más pequeño,
que ahora no tenemos historia que navegar,
océanos lejanos estamos.
No te preguntaste nuestras posibilidades
cuando sin acabar la noche
hacíamos el amor, ay, luces de flash
que tengo plantadas en mi cerebro.
Podías prender fuego a la lluvia.
Todo en tu mirada era multicolor
tu sonrisa exquisita
tu delgada línea de voz
tu piel tan excitante a mi otro corazón,
debajo de su ropa tenías todo un catón.
Ay, mi cariño, tú,
las memorias agridulces que llevo conmigo.
Construiré una casa muy lejos
la llenaré de la luz que compartimos
todo te recordará, aunque,
bajaré más a esta playa para nadar, para lavarme
tus marcas que me impiden volar.
Sus ojos negros
eran los pozos más coloridos del mundo,
ella creía en la vida después del amor,
yo no,
quizá yo la ame más que nadie
pero, ay, él la ama mejor.
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(de tanto en tanto, exclamo ay, porque escribir, hasta que se rompa el brazo, duele)
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Jesús Soriano
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