Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por estos días, por estas noches
de ecos ajustados en fragmentos
en torno al expresivo guiño,
abofetea tu lecho la pluma y el
vaivén.
Los pechos sumidos parecen juncos
desgastados, mustios y vacíos
y en torno a la agitación de tu piel
los celos parecen justos.
Sería igual transitar aquel andén
de ciénaga, apresurar las escaleras
de larvas momificadas por horrible
que parezca...
Pero es que el amor empuña en su origen
cierta fatalidad, cierta aspereza.
Tal vez tu voz ofrende fantasmal extrañeza,
y los abrazos quebrantos sin retorno,
tus párpados no pueden escamotear aflicción.
Pero vete ya, amada.
Percibe desde aquí la bella madrugada,
esplendente, rara, estremecida por tu
juramento a las luces de hielo en el aire...
de ecos ajustados en fragmentos
en torno al expresivo guiño,
abofetea tu lecho la pluma y el
vaivén.
Los pechos sumidos parecen juncos
desgastados, mustios y vacíos
y en torno a la agitación de tu piel
los celos parecen justos.
Sería igual transitar aquel andén
de ciénaga, apresurar las escaleras
de larvas momificadas por horrible
que parezca...
Pero es que el amor empuña en su origen
cierta fatalidad, cierta aspereza.
Tal vez tu voz ofrende fantasmal extrañeza,
y los abrazos quebrantos sin retorno,
tus párpados no pueden escamotear aflicción.
Pero vete ya, amada.
Percibe desde aquí la bella madrugada,
esplendente, rara, estremecida por tu
juramento a las luces de hielo en el aire...
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