La noche dormía plácida,
en sus entrañas podridas,
perro famélicos rebuscan,
entre las basuras que comer,
gatos endemoniados en celo.
En esas calles oscuras,
de farolas apedreadas,
en el silencio nocturno,
el olor inconfundible,
atrayente y mórbido.
Los ultimos reductos,
el refugio de los borrachos,
de las putas y chulos,
de ladrones y atolondrados.
Sucias y pestilentes tascas,
olor a vómitos, a agrio,
a perfume barato,
a humo cerrado de tabaco.
Las luces tristes y llorosas,
como las figuras de la barra,
entre penumbras hablan,
voces gruesas y risas toscas.
Las broncas y celos,
el aburrido camarero,
harto de aguantar cada noche,
solo por un mendrugo de pan.
A mi me gustan estos lúgubres sitios,
esas putas baratas y desgreñadas,
yo soy de los atolondrados,
pero aquí todos tenemos cabida.
en sus entrañas podridas,
perro famélicos rebuscan,
entre las basuras que comer,
gatos endemoniados en celo.
En esas calles oscuras,
de farolas apedreadas,
en el silencio nocturno,
el olor inconfundible,
atrayente y mórbido.
Los ultimos reductos,
el refugio de los borrachos,
de las putas y chulos,
de ladrones y atolondrados.
Sucias y pestilentes tascas,
olor a vómitos, a agrio,
a perfume barato,
a humo cerrado de tabaco.
Las luces tristes y llorosas,
como las figuras de la barra,
entre penumbras hablan,
voces gruesas y risas toscas.
Las broncas y celos,
el aburrido camarero,
harto de aguantar cada noche,
solo por un mendrugo de pan.
A mi me gustan estos lúgubres sitios,
esas putas baratas y desgreñadas,
yo soy de los atolondrados,
pero aquí todos tenemos cabida.
Última edición: