Javi C.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Impregnarse del presente con andar firme,
con el propósito decidido de actuar sin ningún fin;
inducido por la idea peregrina de una misión incumplida,
reconciliarse queda o seguir luchando entre titanes;
he ahí la duda, he aquí la herida,
la guerra que no cicatriza.
Ante el cruce de caminos, donde cual estatua de sal,
me hallo quebrado y sumergido
en el angosto y pedregoso sendero de la existencia.
Emulando a Perséfone,
llevo la alianza de un compromiso con el infierno.
Cómplice de Antígona,
subvierto las leyes que rigen la tierra y el universo
cometiendo vil atentando contra mi gobierno.
Lloro a Lucifer,
el rey del perdido paraíso, mi amo y señor,
creador del planeta subversivo.
(Imágenes poliédricas,
cuyo reflejo veo cuando me miro)
Así como Leibniz decía, yo digo aquí,
contradiciendo sus palabras, me pregunto:
¿Por qué existe la nada que me envuelve
siendo así que no podría existir?
¿Es racionalmente aceptable para mí, como hombre,
que exista el diablo que habita en mí?
con el propósito decidido de actuar sin ningún fin;
inducido por la idea peregrina de una misión incumplida,
reconciliarse queda o seguir luchando entre titanes;
he ahí la duda, he aquí la herida,
la guerra que no cicatriza.
Ante el cruce de caminos, donde cual estatua de sal,
me hallo quebrado y sumergido
en el angosto y pedregoso sendero de la existencia.
Emulando a Perséfone,
llevo la alianza de un compromiso con el infierno.
Cómplice de Antígona,
subvierto las leyes que rigen la tierra y el universo
cometiendo vil atentando contra mi gobierno.
Lloro a Lucifer,
el rey del perdido paraíso, mi amo y señor,
creador del planeta subversivo.
(Imágenes poliédricas,
cuyo reflejo veo cuando me miro)
Así como Leibniz decía, yo digo aquí,
contradiciendo sus palabras, me pregunto:
¿Por qué existe la nada que me envuelve
siendo así que no podría existir?
¿Es racionalmente aceptable para mí, como hombre,
que exista el diablo que habita en mí?