Derrama sangre la herida
que abierta permanece.
Sucumbo a su pereza inquieta.
Despedazado corazón de escarcha.
Hay motivos suficientes para desaparecer
de aquí.
Pero me bloquea el dulzor de sus carnosos labios
que frios, no obstante, ciegan mi razón.
Y el sano juicio se aisla permaneciendo el instinto
que se apodera de las obras.
Y todo a marchas forzadas entre risas y lamentos.
Son frecuentes los encuentros y
restan del pensamiento toda duda a proseguir
invitado por la luna,
anfitriona de postín.
que abierta permanece.
Sucumbo a su pereza inquieta.
Despedazado corazón de escarcha.
Hay motivos suficientes para desaparecer
de aquí.
Pero me bloquea el dulzor de sus carnosos labios
que frios, no obstante, ciegan mi razón.
Y el sano juicio se aisla permaneciendo el instinto
que se apodera de las obras.
Y todo a marchas forzadas entre risas y lamentos.
Son frecuentes los encuentros y
restan del pensamiento toda duda a proseguir
invitado por la luna,
anfitriona de postín.