LUNA DE SEMENTERA
Nacidas de la piedra ardiente las frágiles espigadoras
ocultan bajo sus pardas franelas lagartijas pavorosas
mariposas disfrazadas de amapolas, latidos nocturnos
que vibraron en las toscas almohadas de sus lechos.
Es la tarde y su bochorno.
En la ladera abruptamente infantil rematada por buitreras
hay manos que buscan caricias antes que la luna crezca
y haga suya la sementera.
Las rocas cierran las hojas de sus libros seculares
donde duermen los secretos de sus actos y las risas de las rosas
la sangre de los misterios, las noches desmesuradas
en las que fui barro moldeado por tus besos.
Lunas guardadas en damajuanas brotaban
a tu llamada de estrella, oh virtuosa de cabello como espigas
bajo el que tranquilo duermo esperando ser besana primeriza
donde yazgan nuestro amor y las canciones del invierno.
Llegan de la ciudad tardía los gori-gori de entierros
y los chasquidos sincopados de los seis-dobles
golpeados contra el mármol de lápidas, trampas para pájaros en celo
así se teje el tiempo con los delicados algoritmos de sus hilos previsibles.
Es la tarde y su bochorno
es la luna agazapada tras los cerros donde los buitres anidan
es un niño que asomado a la ventana del futuro
riega la besana primeriza con lágrimas de fracaso, es hielo.
Las espadañas cautivas esperan sus viejos bronces
con corazón de viento antiguo escapado de las arpas y los truenos
desde lo alto del cerro el niño mira y recuerda
aquel hombre que ahora es. El niño mira y recuerda...
Nacidas de la piedra ardiente las frágiles espigadoras
ocultan bajo sus pardas franelas lagartijas pavorosas
mariposas disfrazadas de amapolas, latidos nocturnos
que vibraron en las toscas almohadas de sus lechos.
Es la tarde y su bochorno.
En la ladera abruptamente infantil rematada por buitreras
hay manos que buscan caricias antes que la luna crezca
y haga suya la sementera.
Las rocas cierran las hojas de sus libros seculares
donde duermen los secretos de sus actos y las risas de las rosas
la sangre de los misterios, las noches desmesuradas
en las que fui barro moldeado por tus besos.
Lunas guardadas en damajuanas brotaban
a tu llamada de estrella, oh virtuosa de cabello como espigas
bajo el que tranquilo duermo esperando ser besana primeriza
donde yazgan nuestro amor y las canciones del invierno.
Llegan de la ciudad tardía los gori-gori de entierros
y los chasquidos sincopados de los seis-dobles
golpeados contra el mármol de lápidas, trampas para pájaros en celo
así se teje el tiempo con los delicados algoritmos de sus hilos previsibles.
Es la tarde y su bochorno
es la luna agazapada tras los cerros donde los buitres anidan
es un niño que asomado a la ventana del futuro
riega la besana primeriza con lágrimas de fracaso, es hielo.
Las espadañas cautivas esperan sus viejos bronces
con corazón de viento antiguo escapado de las arpas y los truenos
desde lo alto del cerro el niño mira y recuerda
aquel hombre que ahora es. El niño mira y recuerda...
Ilust.: Benjamín Palencia. “Paisaje”. 1932