Noche tranquila en la costa,
el son de las olas
al posarse en la arena,
y el viento
por dar a conocer su faena.
El plato de las alturas
iluminaba con todo su esplendor
las lanchas y los botes
de aquella mar vibrante.
Las estrellas daban cuna
a cada uno de los sentimientos
relucientes esa noche.
La inmensidad del firmamento
permitió dejar al descubierto
lo mas profundo de aquellos
corazones veraneros.
En la playa, la luz de las fogatas
se dejaba ver a distancia,
iluminando el afán
de las tortugas negras al desovar
entre el sufrimiento y su lentitud.
Fue una noche tranquila,
llena de sueños
y corazones plenos,
de luna llena brillante en el cielo,
y de un frío sentido a raíz del sereno.
el son de las olas
al posarse en la arena,
y el viento
por dar a conocer su faena.
El plato de las alturas
iluminaba con todo su esplendor
las lanchas y los botes
de aquella mar vibrante.
Las estrellas daban cuna
a cada uno de los sentimientos
relucientes esa noche.
La inmensidad del firmamento
permitió dejar al descubierto
lo mas profundo de aquellos
corazones veraneros.
En la playa, la luz de las fogatas
se dejaba ver a distancia,
iluminando el afán
de las tortugas negras al desovar
entre el sufrimiento y su lentitud.
Fue una noche tranquila,
llena de sueños
y corazones plenos,
de luna llena brillante en el cielo,
y de un frío sentido a raíz del sereno.