Madera y lluvia.
Envuelto en las cálidas aguas
de este atardecer que impregna mi alma,
Sediento de nada y abriendo mis alas,
todas mis preguntas ya no necesitan
ninguna visión ni ninguna palabra.
Así que todo se vuelve perplejidad
en la mirada cómplice de la belleza,
en los sentidos que han roto sus barreras
y ahora tan solo se deleitan.
La fragilidad es ahora fortaleza,
lo sutil penetra en la conciencia
y un árbol de infinitas ramas y raíces
penetra en mi abriéndome las puertas.
De estas puertas no tengo las llaves.
Pero no las necesito.
Darío Méndez.
Envuelto en las cálidas aguas
de este atardecer que impregna mi alma,
Sediento de nada y abriendo mis alas,
todas mis preguntas ya no necesitan
ninguna visión ni ninguna palabra.
Así que todo se vuelve perplejidad
en la mirada cómplice de la belleza,
en los sentidos que han roto sus barreras
y ahora tan solo se deleitan.
La fragilidad es ahora fortaleza,
lo sutil penetra en la conciencia
y un árbol de infinitas ramas y raíces
penetra en mi abriéndome las puertas.
De estas puertas no tengo las llaves.
Pero no las necesito.
Darío Méndez.