lu4
Poeta recién llegado
De reproches. Gritos y desobediencias
hoy te eh perdido,
de mil consejos que me dabas
en el olvido hoy descansan,
de aquellos abrazos y caricias que me hacías
tan solo queda el recuerdo y el suspiro.
Como quisiera decirte que te quiero,
que aquellas palabras que con enojo repetía
no eran mas que mil mentiras;
que eres la mujer, qué eres el ser que me dio la vida,
que eras aquella que se desvelaba por mi,
que me daba de comer, me vestía y bañaba.
Que eras aquella mujer
que en las noches despertaba
porque me asustaba el quedarme solo
o porque simplemente no tenia sueño
y te quedabas con migo hasta el amanecer.
De aquellos recuerdos hoy nada queda,
perdí a la mujer que me crio,
que por insolencias y barbaridades
hoy se a quedado llorando,
en la cama postrada y sin ánimos.
Que por disputas y flojeras
te encuentras cansada de esta vida,
con leves suspiros deseas que no haya mañana.
Que por aquel hijo insolente
te reprochas el que hayas fallado,
que por aquel hijo, trabajaste tanto,
que hoy tus manos de arrugas se han llenado,
que el tiempo a pasado
y sigues preguntándote ¿en que eh fallado?.
Me pongo a tus pies,
con una lágrima que rueda por mi mejilla
te pido perdón aunque todo acabó,
te pido un abrazo
aunque ya no sea cálido,
te pido me acobijes con tus brazos
hasta que el sol aparezca.
TU NO TIENES LA CULPA
DE LOS AGRABIOS QUE DE MI HAN SALIDO
TU NO TIENES LA CULPA
DE AVER TENIDO HA ESTE HIJO.
TU NO TIENES LA CULPA
de a ver amado tanto
aquella criatura,
que pronunciaba tu nombre,
que decía te quiero,
y gritando decía
QUE TANTO TE ADORABA.
Mi madre querida,
te vas de mi lado
y lo único que me quedad
es el deseo de estar a tu lado.
Autor: German Salgado Menera
hoy te eh perdido,
de mil consejos que me dabas
en el olvido hoy descansan,
de aquellos abrazos y caricias que me hacías
tan solo queda el recuerdo y el suspiro.
Como quisiera decirte que te quiero,
que aquellas palabras que con enojo repetía
no eran mas que mil mentiras;
que eres la mujer, qué eres el ser que me dio la vida,
que eras aquella que se desvelaba por mi,
que me daba de comer, me vestía y bañaba.
Que eras aquella mujer
que en las noches despertaba
porque me asustaba el quedarme solo
o porque simplemente no tenia sueño
y te quedabas con migo hasta el amanecer.
De aquellos recuerdos hoy nada queda,
perdí a la mujer que me crio,
que por insolencias y barbaridades
hoy se a quedado llorando,
en la cama postrada y sin ánimos.
Que por disputas y flojeras
te encuentras cansada de esta vida,
con leves suspiros deseas que no haya mañana.
Que por aquel hijo insolente
te reprochas el que hayas fallado,
que por aquel hijo, trabajaste tanto,
que hoy tus manos de arrugas se han llenado,
que el tiempo a pasado
y sigues preguntándote ¿en que eh fallado?.
Me pongo a tus pies,
con una lágrima que rueda por mi mejilla
te pido perdón aunque todo acabó,
te pido un abrazo
aunque ya no sea cálido,
te pido me acobijes con tus brazos
hasta que el sol aparezca.
TU NO TIENES LA CULPA
DE LOS AGRABIOS QUE DE MI HAN SALIDO
TU NO TIENES LA CULPA
DE AVER TENIDO HA ESTE HIJO.
TU NO TIENES LA CULPA
de a ver amado tanto
aquella criatura,
que pronunciaba tu nombre,
que decía te quiero,
y gritando decía
QUE TANTO TE ADORABA.
Mi madre querida,
te vas de mi lado
y lo único que me quedad
es el deseo de estar a tu lado.
Autor: German Salgado Menera