Erik uaxactum
Poeta recién llegado
MADRUGADA
El filo de la flauta cambio de coordenadas,
leyendo de las hojas recién movidas nuevos rezos,
para los que duermen sin techo,
para los perdidos.
Oraciones para las ínfimas madrigueras,
para los salvajes sueños que salen del pecho.
De madrugada
Las estatuas más frías que nunca,
las palabras de muerte en oscuros recipientes,
las cajitas de música aprisionando bailarinas lloronas,
los heridos en la cama.
Los últimos tubos negros se desvanecen,
cadencias suben fantasmales en los faros parpadeantes,
con su armonía complicada
desgajada en susurros.
El rocío resplandece
tenue el que sudan los grillos
largo en la oscuridad de los amantes.
El silencio de las sombras mueve los botes de basura y las rejas.
Los gatos regresan a sus casas con sus patitas dolidas
despidiendo en sus pupilas su complicidad con las tinieblas.
¿Que se hará del satín rojo que envuelve el insomnio de los degenerados?
de los inocentes,
de los que en la intimidad de las telas velan en el abismo sus estrellas,
de los nuevos llantos que despiertan a los perdidos en los sueños,
adornando de eco a las paredes todavía vírgenes de la bestia.
De madrugada el aire renovado
que fermenta en el abrir de las ventanas,
en el encender de los motores,
en la repetida escena del sol,
en el bostezo de los que creen en el amor.
De los postes llueven Intoxicados pájaros sembrado hermosas melodías.
De madrugada.
Yo no quiero despertar.
Por favor… mi cielo
la ciudad esta cansada.
Se acabaron todos los colores,
la brea de los arcos se ha terminado,
la nada en mi sueño es perpetua.
Los grillos se arrastran apenados por debajo de las piedras.
Que nadie llore por mí.
Solo rastros en las sábanas.
Solo hoy.
El filo de la flauta cambio de coordenadas,
leyendo de las hojas recién movidas nuevos rezos,
para los que duermen sin techo,
para los perdidos.
Oraciones para las ínfimas madrigueras,
para los salvajes sueños que salen del pecho.
De madrugada
Las estatuas más frías que nunca,
las palabras de muerte en oscuros recipientes,
las cajitas de música aprisionando bailarinas lloronas,
los heridos en la cama.
Los últimos tubos negros se desvanecen,
cadencias suben fantasmales en los faros parpadeantes,
con su armonía complicada
desgajada en susurros.
El rocío resplandece
tenue el que sudan los grillos
largo en la oscuridad de los amantes.
El silencio de las sombras mueve los botes de basura y las rejas.
Los gatos regresan a sus casas con sus patitas dolidas
despidiendo en sus pupilas su complicidad con las tinieblas.
¿Que se hará del satín rojo que envuelve el insomnio de los degenerados?
de los inocentes,
de los que en la intimidad de las telas velan en el abismo sus estrellas,
de los nuevos llantos que despiertan a los perdidos en los sueños,
adornando de eco a las paredes todavía vírgenes de la bestia.
De madrugada el aire renovado
que fermenta en el abrir de las ventanas,
en el encender de los motores,
en la repetida escena del sol,
en el bostezo de los que creen en el amor.
De los postes llueven Intoxicados pájaros sembrado hermosas melodías.
De madrugada.
Yo no quiero despertar.
Por favor… mi cielo
la ciudad esta cansada.
Se acabaron todos los colores,
la brea de los arcos se ha terminado,
la nada en mi sueño es perpetua.
Los grillos se arrastran apenados por debajo de las piedras.
Que nadie llore por mí.
Solo rastros en las sábanas.
Solo hoy.
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