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Mal de amor

Bender Carvajal

Poeta recién llegado
Yo te amo con las manos abiertas,
sabiendo que nada tengo
y que todo te doy,
te amo con la lentitud
con que crecen los árboles
y se desmigajan
solitarios con los años,
te amo con naturaleza viva,
con voz de selva,
con palabras taladas
desde donde nacen
hasta donde acabas;
te amo sin saber que amor
es la pluma que nada
por el arrollo de la vida,
que las aguas de tu cuerpo constante
son los gestos de Dios
por el amor que te tengo
y que le tuve alguna vez;
te amo como las mañanas,
sediento de sazones
y a toda máquina por tu boca
sin dejar que el tiempo asesine
la perpetuidad que corre
entre los glóbulos de tu alma.


Yo no sé si es amor
el que te ame tanto,
con tu duda, con tus penas,
con la pequeña incertidumbre
de no saber si todo el amor que me das
es todo del amor que te pido;
te amo con el aroma de tu cuerpo
sobre la cama distendida,
con la espera inagotable,
con fragmentos de ti
que trepidan por lo vasto de mi ojos
y desvanecen la perplejidad
de ser por completo
un hombre enamorado
que no falla en su ternura.
Te amo mientras duermes
intacta sobre mi pecho,
amo los misterios de tu cabello,
el libre albedrío con que emana,
el confinamiento con que me embrujas,
el horizonte de tus caderas,
de mi naufragio por tu espalda,
del oleaje entre tus piernas,
de tu aroma arrollador
con que me embrujas los besos
que te caen sin aliento sobre
las vertientes de tu océano.


Yo te amo en palabras simples
y versos rotos,
con historias inventadas
que me sobreviven;
te amo con el ancla de mi corazón
que penetra tu tierra conquistada
de navíos que no supieron cosecharte,
y dentro de cada surco de tu continente
predico este amor
que te brota
como sellando las heridas.


Te amo en silencio y con mi mal humor,
te amo con mi no saber amarte
y aprendiendo que tu amor
hoy es todo lo que soy;
te amo con el arco fruncido de mis ojos
que te sabes de memoria,
con la voz en alto
de resignarme a no creer
que amarte sea de a pedazos
por el tiempo que no te doy;
te amo con este amor intolerante,
con este amor de celos,
con el mal hábito del aislamiento,
con mis palabras rebuscadas,
y mi no entender que amarte
puede ser más cotidiano
que jamás haber amado.


Amo la ignorancia de tu amor,
de no saberte por completo mía,
amo tu libertad que me encadena,
amo la sal de tus pechos
que te llevas y te vas,
amo lo incierto,
la certeza de no ser certero,
de no reconocer el color de tus pétalos;
amo el tiempo lineal de tu vientre,
lo cíclico de tus piernas,
amo el café junto a la almohada,
y las migas de pan de tus ojos
sobre mis hombros;
amo la humedad, la resistencia,
el que me busques y te huya,
el haber salido de casería
por un beso tuyo
y haber quedado tú
cual vertiente trepando por mi cuello.


Yo te amo
y soy la antología de mis caricias,
con mis dedos de mariposas
que te tocan por debajo de la piel,
soy el perfume de ti gimiendo,
soy la casa en el sendero,
soy tus manos, tus pies,
soy tu sexo y tus orgasmos;
ah, tu sexo que amo
con amor enloquecido y desvanecimiento,
tu sexo en fuga y golondrina,
tu pequeño monte,
desfiladero y nido
donde alojan mis pensamientos.


Yo te amo con todos los miedos,
con toda mi sangre,
con esta viudez atada a un saco
y echada al río,
con el corazón golpeado,
con el pecho reconstruido.
Te amo no preguntando si me amas,
te amo averiguando si aún lo haces
diez segundos después de que lo dices;
te amo quedándome solo,
te amo sin amigos
en este cementerio donde yacen
todos aquellos
que no perdonan el que te ame tanto;
te amo aún contra mi voluntad,
sin prisa y con pereza,
hasta el fin de la noche
y con la evidencia
de que toda la vida
es demasiado para que este amor
no nos haga perder la cabeza…
 
Última edición:
Yo te amo con las manos abiertas,
sabiendo que nada tengo
y que todo te doy,
te amo con la lentitud
con que crecen los árboles
y se desmigajan
solitarios con los años,
te amo con naturaleza viva,
con voz de selva,
con palabras taladas
desde donde nacen
hasta donde acabas;
te amo sin saber que amor
es la pluma que nada
por el arrollo de la vida,
que las aguas de tu cuerpo infinito
son los gestos de Dios
por el amor que te tengo
y que le tuve alguna vez;
te amo como las mañanas,
sediento de primaveras
y a toda máquina por tu boca
sin dejar que el tiempo asesine
la perpetuidad que corre
entre los glóbulos de tu alma.

Yo no sé si es amor
el que te ame tanto,
con tu duda, con tus penas,
con la pequeña incertidumbre
de no saber si todo el amor que me das
es todo del amor que te pido;
te amo con el aroma de tu cuerpo
sobre la cama distendida,
con la espera inagotable,
con fragmentos de ti
que trepidan por lo vasto de mi ojos
y desvanecen la perplejidad
de ser por completo
un hombre enamorado
que no falla en su ternura.
Te amo mientras duermes
intacta sobre mi pecho,
amo los misterios de tu cabello,
el libre albedrío con que emana,
los días de tu ausencia,
el horizonte de tus caderas,
de mi naufragio por tu espalda,
del oleaje entre tus piernas,
de tu aroma arrollador
con que me embrujas los besos
que te caen sin aliento sobre
las vertientes de tu océano.

Yo te amo en palabras simples
y versos rotos,
con historias inventadas
que me sobreviven;
te amo con el ancla de mi corazón
que penetra tu tierra conquistada
de navíos que no supieron cosecharte,
y dentro de cada surco de tu continente
predico este amor
que te brota
como sellando las heridas.

Te amo en silencio y con mi mal humor,
te amo con mi no saber amarte
y aprendiendo que tu amor
hoy es todo lo que soy;
te amo con el arco fruncido de mis ojos
que te sabes de memoria,
con la voz en alto
de resignarme a no creer
que amarte sea de a pedazos
por el tiempo que no te doy;
te amo con este amor intolerante,
con este amor de celos,
con el mal hábito de la soledad,
con mis palabras rebuscadas,
y mi no entender que amarte
puede ser más cotidiano
que jamás haber amado.

Amo la ignorancia de tu amor,
de no saberte por completo mía,
amo tu libertad que me encadena,
amo la sal de tus pechos
que te llevas y te vas,
amo lo incierto,
la certeza de no ser certero,
de no reconocer el color de tus pétalos;
amo el tiempo lineal de tu vientre,
lo cíclico de tus piernas,
amo el café junto a la almohada,
y las migas de pan de tus ojos
sobre mis hombros;
amo la humedad, la resistencia,
el que me busques y te huya,
el haber salido de casería
por un beso tuyo
y haber quedado tú
cual vertiente trepando por mi cuello.

Yo te amo
y soy la antología de mis caricias,
con mis dedos de mariposas
que te tocan por debajo de la piel,
soy el perfume de ti gimiendo,
soy la casa en el sendero,
soy tus manos, tus pies,
soy tu sexo y tus orgasmos;
ah, tu sexo que amo
con amor enloquecido y desvanecimiento,
tu sexo en fuga y golondrina,
tu pequeño monte,
desfiladero y nido
donde alojan mis pensamientos.

Yo te amo con todos los miedos,
con toda mi sangre,
con la soledad atada a un saco
y echada al río,
con el corazón golpeado,
con el pecho reconstruido.
Te amo no preguntando si me amas,
te amo averiguando si aún lo haces
diez segundos después de que lo dices;
te amo quedándome solo,
te amo sin amigos
en este cementerio donde yacen
todos aquellos
que no perdonan el que te ame tanto;
te amo aún contra mi voluntad,
sin prisa y con pereza,
hasta el fin de la noche
y con la evidencia
de que toda la vida
es demasiado para que este amor
no nos haga perder la cabeza…

Pasé muchas veces por esta antología de sentimientos y sensaciones. ¡Ah de las construcciones paradojales del amor en intersección con la poesía! Pasé muchas veces, decía, porque es extenso e intenso. No es fácil escribir largamente y sostener la garra, rodear la pulsión y hacerla "pulso" del verso-vertiente. No es fácil pero vos... vos lo hiciste posible en esta entrega.

¡Qué emoción para la musa-amada-amante! Y qué placer el de que nos hayás dejado entrar en la intimidad de un vínculo que -en primera y última instancia - es tu vínculo con la Poesía. Gracias por ello.

Hay pequeñas fallas que enmendaré y -de paso - ampliaré la fuente de esta maravilla. Para que nos "empape" mejor.

Un abrazo que cruce la cordillera.
 

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