Mala Costumbre
Esta mala costumbre
de poner el torso rasmillado
en forma paralela
a la de los arboles empujados
por el viento del invierno,
la tormenta alimenta la angustia
en la espina del alma,
un ansioso deseo que los pensamientos
por el aire llevan,
mientras no va quedando espacio
en la vida para nacer una especie,
todos los días aprenden algo nuevo,
y yo en el inepto ego que me invade
solo ignoro mis sueños.
Significa entonces que la razón
asume el coste de un corazón frío,
no sabemos contener el aire
lo derrochamos como quien no piensa
en pensar antes del acontecimiento,
se nos escapa como el amor que pierde el tiempo
en un rechazo jamás del interior desprendido,
como quien espera exactamente
la eternidad de un sentir ajeno
algo que ni el amor ni el odio,
ni todas las noches, ni el tiempo,
ni la muerte y ni el peor de los sentires
ha sostenido.
Macizo invierno
invierno de supervivientes
cansadas manos resecas
indiferentes rocas, escarchadas manos
así toleramos la vida en la tormenta,
en nuestras manos ven la suerte
y en las miradas la herida
en nuestra piel se dibuja un mapa
que revela las dimensiones
de nuestros viajes y retrocesos.
Cruda sensibilidad del tacto,
piel rota, piel amarilla, oh piel carente
duele cuando se toca la aldaba
desde el punto de vista de la piel:
revelación de cobardes
se abren otros tiempos
que pronto volverán a manifestarse.
Esta mala costumbre
de encontrar la mosca en la sopa
el punto del panty que abandonó a tu cuerpo,
todos tenemos un don,
por lo tanto no mires los defectos como un peso,
recuerda que la noche vaga entre nosotros
resistiendo el látigo de nuestro silencio,
no olvides que los sueños pertenecen
a las ilusiones del mundo
donde perteneces:
no todos sabemos soñar.
En un instante como en las tumbas
las cosas jamás se vuelven visibles
se mueren como el presente
porque el pasado, el recuerdo
es indestructible.
Se mueren las cosas
desintegrándose al paso de su tiempo;
desintegrar, eso quiero con tu nombre
que entre el polvo los acentos floten
que de las raíces la tierra de mi voz
jamás te pronuncie, jamás vida mía,
amor íntimo, jamás te quiero de vuelta,
duele sentir el rechazo, duele saber
que a la distancia es mejor quererte
tu mirada se envuelve en un recuerdo
que se entierra entre la humedad de la brisa
el capullo de mis besos marchita
ante la falta del calor de tus labios.
Duele la espera del polen en la tierra
la caída de una gota por su escarchado cuerpo
duele el ruido entre el silencio de un eco
el exilio de una hoja que aparenta un vuelo
pero no duele más que saber
que ahí estas, que existes.
Esta mala costumbre
de querer y no querer perderte.
Que de las tumbas de mis inseguridades
la palabra sacuda el polvo de las aldabas
que se abran las puertas de la razón
y con mi voz cerrarte la boca
y con mi boca sacarte la voz,
y con mis manos acariciar tu cabeza
y con mi cabeza olvidar tus manos.