Antares
Poeta adicto al portal
Cobijada entre tu cuerpo
tu calor cubría mi deficiencia térmica.
Tan cerca de ti,
acariciándote,
compensando
todo lo que necesito decirte.
Amaneciendo lento,
nos descubrimos con los primeros rayos del sol.
Tus manos hermosas,
las más bellas que he conocido,
entrelazadas con las mías.
Confieso,
me enamoré de tus falangues.
No me canso de mirarlas.
Y así, sin conocer tu nombre,
despues de ansiarnos y devorarnos,
me dejaste en la calle de la realidad,
a pocos metros de la monotonía.
Me volví para lanzarte un beso.
Diste dos pasos hacia delante
y diez pasos hacia atrás.
Desaparecí,
cual niebla que cubre los valles.
Mientras tú,
te quedaste maldiciendo a los domingos,
que siegan de golpe los sueños de las noches de sábados.
tu calor cubría mi deficiencia térmica.
Tan cerca de ti,
acariciándote,
compensando
todo lo que necesito decirte.
Amaneciendo lento,
nos descubrimos con los primeros rayos del sol.
Tus manos hermosas,
las más bellas que he conocido,
entrelazadas con las mías.
Confieso,
me enamoré de tus falangues.
No me canso de mirarlas.
Y así, sin conocer tu nombre,
despues de ansiarnos y devorarnos,
me dejaste en la calle de la realidad,
a pocos metros de la monotonía.
Me volví para lanzarte un beso.
Diste dos pasos hacia delante
y diez pasos hacia atrás.
Desaparecí,
cual niebla que cubre los valles.
Mientras tú,
te quedaste maldiciendo a los domingos,
que siegan de golpe los sueños de las noches de sábados.
Última edición: