J.E.Mozo
Docente, Poeta y Persona (Tal vez en otro orden)
Bastaba con ver sus ojos,
color de Ángel, padecían.
Lloraba tarde los males
el día que moribundo me encontré
sobre mi desordenada repisa.
Vigía era mi diccionario
mientras la calculadora
servia de temporizador,
poco me quedaba vivo
a medida que se desaguaban.
Valía la pena comprobar
la valía de aquella mañana,
valor mínimo para el reloj,
que sin descanso devalúa cada segundo
valga para Dios la tontera
que agonizante escribo al menos.
La mañana se deslumbra
a medida que sus ojos se muestran,
turquesa enrojecido, llorosos,
producto de estupefacientes y males mortales
para la viciosa vida que llevan los hombres
jodidos en el rojo maniquí que es la vida
como esencia maltraída
de un ser que nos abandono.
Construyó, pintó, cuidó, amó,
pero que, de un día para otro, nos dejó:
vestidos, estáticos y casi muertos
la soledad es el mal que impusimos a Dios.
color de Ángel, padecían.
Lloraba tarde los males
el día que moribundo me encontré
sobre mi desordenada repisa.
Vigía era mi diccionario
mientras la calculadora
servia de temporizador,
poco me quedaba vivo
a medida que se desaguaban.
Valía la pena comprobar
la valía de aquella mañana,
valor mínimo para el reloj,
que sin descanso devalúa cada segundo
valga para Dios la tontera
que agonizante escribo al menos.
La mañana se deslumbra
a medida que sus ojos se muestran,
turquesa enrojecido, llorosos,
producto de estupefacientes y males mortales
para la viciosa vida que llevan los hombres
jodidos en el rojo maniquí que es la vida
como esencia maltraída
de un ser que nos abandono.
Construyó, pintó, cuidó, amó,
pero que, de un día para otro, nos dejó:
vestidos, estáticos y casi muertos
la soledad es el mal que impusimos a Dios.