Aquí va llegando la primavera,
ya florece el amor.
Los grillos, pasada una noche en vela,
ya duermen con tesón.
Al despertar, mi gato ronronea,
tira del edredón
y, siempre con su carita de pena,
me pide su tazón.
Bonita mañana de primavera,
ya se me va el sopor
sólo de ver tanta gente contenta
y haciendo su labor.
De mi armario cojo la camiseta,
salgo a la luz del sol,
pero, al ir a coger mi bicicleta,
raro me pareció:
qué bien puesta estaba la cadeneta
y qué poco avanzo.
Rápidamente miré entre las ruedas:
¡Ay, qué susto me dió!
Crecían sobre ellas muchas setas,
¡y hasta un champiñón!
Resignada, dejé la bicicleta,
y cómo me cansó
ir sola a comprar con una carreta
y sin locomoción.
Al volver, sudorosa y sedienta,
me vino el dulce olor
de una pequeña tartita de fresa
fresquita en un balcón.
-Ni se te ocurra-dijo mi cabeza.
-Déjala, por favor.
Pero es que estaba yo tan sedienta,
que no hice caso, no.
Cogiendo la tarta, comí una fresa
y tan mal me sentó
que la escupí otra vez en la crema,
la dejé en el balcón
y me escondí tras una gran maceta.
Una mujer probó
desde allí, exactamente esa fresa,
y después afirmó,
mientras masticaba con destreza:
¡Uy, qué rico sabor!
Laura Serrano Ron
ya florece el amor.
Los grillos, pasada una noche en vela,
ya duermen con tesón.
Al despertar, mi gato ronronea,
tira del edredón
y, siempre con su carita de pena,
me pide su tazón.
Bonita mañana de primavera,
ya se me va el sopor
sólo de ver tanta gente contenta
y haciendo su labor.
De mi armario cojo la camiseta,
salgo a la luz del sol,
pero, al ir a coger mi bicicleta,
raro me pareció:
qué bien puesta estaba la cadeneta
y qué poco avanzo.
Rápidamente miré entre las ruedas:
¡Ay, qué susto me dió!
Crecían sobre ellas muchas setas,
¡y hasta un champiñón!
Resignada, dejé la bicicleta,
y cómo me cansó
ir sola a comprar con una carreta
y sin locomoción.
Al volver, sudorosa y sedienta,
me vino el dulce olor
de una pequeña tartita de fresa
fresquita en un balcón.
-Ni se te ocurra-dijo mi cabeza.
-Déjala, por favor.
Pero es que estaba yo tan sedienta,
que no hice caso, no.
Cogiendo la tarta, comí una fresa
y tan mal me sentó
que la escupí otra vez en la crema,
la dejé en el balcón
y me escondí tras una gran maceta.
Una mujer probó
desde allí, exactamente esa fresa,
y después afirmó,
mientras masticaba con destreza:
¡Uy, qué rico sabor!
Laura Serrano Ron
Y este poema es, al fin, para mi amiga claudia. Por su alegría infantil, que a todos nos calma. Gracias Cla, te mereces esta poesía y mucho más, la poesía te la doy, el resto búscalo tú.::
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