Rosita Caro
Poeta recién llegado
Caminos y espesuras,
crepitan los ecos de madera,
y en el camino tus pasos erran,
frondas de helecho, la vida,
desperdigando semillas,
tu,
un terreno húmedo y fértil,
donde el tiempo se dispone
a parir versos despedidos.
Manifiesto,
en el que se derrama riachuelos en ruego,
peces diáfanos nadan en la memoria,
y saltan los delfines azulinos del tiempo,
callada mocedad perdida,
deja hablar a la compasiva,
que retiene en el seno la palabra,
un amor postrero y remolón , era,
allí nace la trémula prosa amada,
va como gemidos desesperados
en aquel riachuelo desmemoriado
amando al imanado dolor
que dejo mellado al corazón,
fue una sola letra palpitante,
un amor desventurado,
se fragua su rostro
en los libros de hierro,
yace esa viril sombra
entre hoja y hoja
sentimiento lejano
despedida incierta,
amor negado,
todo escrito en su ley
del despido.
crepitan los ecos de madera,
y en el camino tus pasos erran,
frondas de helecho, la vida,
desperdigando semillas,
tu,
un terreno húmedo y fértil,
donde el tiempo se dispone
a parir versos despedidos.
Manifiesto,
en el que se derrama riachuelos en ruego,
peces diáfanos nadan en la memoria,
y saltan los delfines azulinos del tiempo,
callada mocedad perdida,
deja hablar a la compasiva,
que retiene en el seno la palabra,
un amor postrero y remolón , era,
allí nace la trémula prosa amada,
va como gemidos desesperados
en aquel riachuelo desmemoriado
amando al imanado dolor
que dejo mellado al corazón,
fue una sola letra palpitante,
un amor desventurado,
se fragua su rostro
en los libros de hierro,
yace esa viril sombra
entre hoja y hoja
sentimiento lejano
despedida incierta,
amor negado,
todo escrito en su ley
del despido.