Como un maniquí creado con vapores y ecos de lejanías
como aquel trágico abrazo que di a mi estrella vespertina
revueltos en olas audaces como un sueño o una ventana
tú y yo, desnudos y reflejados en las pútridas entrañas de la Estigia
avanzamos hacia el renacimiento del eco.
Nunca fuimos mas que ecos, créeme, bella mía.
Fuimos harapos nocturnos abandonados en un parque
pero supimos crearnos, Pigmaliones de arrabal, con un simple espasmo.
Mis brazos metálicos te rodean, espíritu de vahos,
mis ojos de un vidrio que un día contuvo reconfortante vino
te miran como al más eficaz alucinógeno, criatura de mis manos ortopédicas.
Con un fondo de torres hieráticas y gavilanes hambrientos
las plazas se desertizan para acogernos en toda nuestra pureza
Seremos la nueva geometría de la esperanza
Acogeremos gozosos los bosques y los navíos oxidados
De nuestro abrazo estelar nacerán los versos más puros y los colores del silencio
y los maniquíes articulados podrán exhibir tranquilos sus mecánicos secretos.
Suprema belleza la tuya, pequeña compañera, el ritmo de tus engranajes de acero
me adormece y me transporta a fálicas ensoñaciones, ídolo nunca adorado
Cuando los colores y los cánticos en cósmica armonía con lo ya creado
nos difuminen y absorban seremos partículas purísimas de lo antiguo
Magníficos muñecos de insondables circuitos de generación automática
sabemos como los propios artífices que somos nuestra caducidad inmediata.
Pero poseemos el secreto de los más altos placeres y de los goces que destruyen
en ellos nos disolveremos y nuestro espasmo creador será también el que nos disuelva
Permíteme esta última expresión de amor, oh criatura humanamente mecánica
Plásticamente perfecta mueves mis más íntimos generadores de emoción. Te amo.
Ilust.: “Héctor y Andrómaca.” Giorgio de Chirico. 1917
como aquel trágico abrazo que di a mi estrella vespertina
revueltos en olas audaces como un sueño o una ventana
tú y yo, desnudos y reflejados en las pútridas entrañas de la Estigia
avanzamos hacia el renacimiento del eco.
Nunca fuimos mas que ecos, créeme, bella mía.
Fuimos harapos nocturnos abandonados en un parque
pero supimos crearnos, Pigmaliones de arrabal, con un simple espasmo.
Mis brazos metálicos te rodean, espíritu de vahos,
mis ojos de un vidrio que un día contuvo reconfortante vino
te miran como al más eficaz alucinógeno, criatura de mis manos ortopédicas.
Con un fondo de torres hieráticas y gavilanes hambrientos
las plazas se desertizan para acogernos en toda nuestra pureza
Seremos la nueva geometría de la esperanza
Acogeremos gozosos los bosques y los navíos oxidados
De nuestro abrazo estelar nacerán los versos más puros y los colores del silencio
y los maniquíes articulados podrán exhibir tranquilos sus mecánicos secretos.
Suprema belleza la tuya, pequeña compañera, el ritmo de tus engranajes de acero
me adormece y me transporta a fálicas ensoñaciones, ídolo nunca adorado
Cuando los colores y los cánticos en cósmica armonía con lo ya creado
nos difuminen y absorban seremos partículas purísimas de lo antiguo
Magníficos muñecos de insondables circuitos de generación automática
sabemos como los propios artífices que somos nuestra caducidad inmediata.
Pero poseemos el secreto de los más altos placeres y de los goces que destruyen
en ellos nos disolveremos y nuestro espasmo creador será también el que nos disuelva
Permíteme esta última expresión de amor, oh criatura humanamente mecánica
Plásticamente perfecta mueves mis más íntimos generadores de emoción. Te amo.
Ilust.: “Héctor y Andrómaca.” Giorgio de Chirico. 1917