Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Manjar del cocinero
Romántico de antaño no comprendo,
las loas que dá a la hermosura
de la mujer, el hombre en un intento
por esparcir un bello pensamiento,
y solo desparrama su basura.
Asi que me asombré el otro día
oyendo a un joven decir a su adorada:
si fueras un manjar, yo te comía
yo creo que ya estas bien sazonada.
Que la especie y salero no te falta,
tu boca como postre es de dulzura,
de canela tu carne, está bien dura
y quiero ablandarla con mis besos.
Y tal parece que la temperatura
iba subiendo al punto en el caldero,
pues la joven con cara enrojecida,
del mar un cocimiento parecía
en manos del maestro cocinero.
Un parangón al presto en mi mente,
establecí entonces con mi amada,
que dura ya no está, ni jovencita,
y su cuerpo tampoco es tan ardiente;
mas tiene lo que el mío necesita
y hasta puedo decir que está: ¡al dente!.
Romántico de antaño no comprendo,
las loas que dá a la hermosura
de la mujer, el hombre en un intento
por esparcir un bello pensamiento,
y solo desparrama su basura.
Asi que me asombré el otro día
oyendo a un joven decir a su adorada:
si fueras un manjar, yo te comía
yo creo que ya estas bien sazonada.
Que la especie y salero no te falta,
tu boca como postre es de dulzura,
de canela tu carne, está bien dura
y quiero ablandarla con mis besos.
Y tal parece que la temperatura
iba subiendo al punto en el caldero,
pues la joven con cara enrojecida,
del mar un cocimiento parecía
en manos del maestro cocinero.
Un parangón al presto en mi mente,
establecí entonces con mi amada,
que dura ya no está, ni jovencita,
y su cuerpo tampoco es tan ardiente;
mas tiene lo que el mío necesita
y hasta puedo decir que está: ¡al dente!.
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