Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Si algún día todo queda en nada,
habremos labrado
esculturas hechas palabras.
El llanto del ahogo: un grito,
navegando en el océano de mi silencio
donde sollozan los cielos y la sal de mi tierra...
Si algún día ya no estás
miraré de lejos, mientras mi sonrisa te busca,
para volver a encontrarme desde los tuyos.
Quedarán mis voces enredadas en tu pelo
así dos corazones fraternos.
Ese día habrá sido la certeza
que fuimos testigos de tu testimonio y el mío,
ahogado con el brote de la vida en cada respiro.
Instantes arrebatados al devenir habrá
y el acaecer viviente patente de la esclavitud.
Si algún día todo queda en nada,
se podrá la luz y el color del sol extinguir,
quizá perderse el cauce de ríos y sus cañadas,
mientras mi eterna dádiva de estrellas
no volverá a titilar, así nuestra luna y su lamento.
Y si algún día te vas
no habrá más tardes ocasionales
de arbustos, rozándose en el desierto grande
ni ramas, dibujando el aire; también no mis brazos
cogiéndote para no dejarte escapar,
sólo me meceré en tu manto dulce y prisión
[FONT="]quieto e inmóvil, esperando
caer la tarde.
habremos labrado
esculturas hechas palabras.
El llanto del ahogo: un grito,
navegando en el océano de mi silencio
donde sollozan los cielos y la sal de mi tierra...
Si algún día ya no estás
miraré de lejos, mientras mi sonrisa te busca,
para volver a encontrarme desde los tuyos.
Quedarán mis voces enredadas en tu pelo
así dos corazones fraternos.
Ese día habrá sido la certeza
que fuimos testigos de tu testimonio y el mío,
ahogado con el brote de la vida en cada respiro.
Instantes arrebatados al devenir habrá
y el acaecer viviente patente de la esclavitud.
Si algún día todo queda en nada,
se podrá la luz y el color del sol extinguir,
quizá perderse el cauce de ríos y sus cañadas,
mientras mi eterna dádiva de estrellas
no volverá a titilar, así nuestra luna y su lamento.
Y si algún día te vas
no habrá más tardes ocasionales
de arbustos, rozándose en el desierto grande
ni ramas, dibujando el aire; también no mis brazos
cogiéndote para no dejarte escapar,
sólo me meceré en tu manto dulce y prisión
[FONT="]quieto e inmóvil, esperando
caer la tarde.
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