ecodelcaos
Poeta recién llegado
Marcas del silencio
Miles de manos han surcado
cada rincón de mi cuerpo.
Han dejado marcas en mi cuello,
al apretarlo con fuerza,
moratones en zonas ocultas,
y heridas que me recuerdan,
los arañazos de la noche anterior.
Me han marcado
como a un perro sin dueño,
tratado mi cuerpo
como si fuera suyo,
y yo, cómplice
de un romance que agoniza,
atrapada en el silencio
donde mi mente se adormece,
en busca de oxígeno
en el último suspiro.
Me he acostumbrado al dolor,
confundiéndolo con placer,
dibujando límites
que se desvanecen en la niebla,
quizás en aquel instante
entre la luz y la sombra,
en aquel breve parpadeo
antes de desfallecer.
He encontrado calma
en la violencia de esas manos,
sin embargo, tiemblo
ante la delicadeza de tus caricias.
Muchas han tocado mi cuerpo,
pero ninguna ha alcanzado
mi virgen corazón.
Quizás si te permito
acercarte demasiado,
logres lo que nadie ha conseguido,
y me encuentres en tus brazos,
viviendo y muriendo de amor.
Eco del caos.
Miles de manos han surcado
cada rincón de mi cuerpo.
Han dejado marcas en mi cuello,
al apretarlo con fuerza,
moratones en zonas ocultas,
y heridas que me recuerdan,
los arañazos de la noche anterior.
Me han marcado
como a un perro sin dueño,
tratado mi cuerpo
como si fuera suyo,
y yo, cómplice
de un romance que agoniza,
atrapada en el silencio
donde mi mente se adormece,
en busca de oxígeno
en el último suspiro.
Me he acostumbrado al dolor,
confundiéndolo con placer,
dibujando límites
que se desvanecen en la niebla,
quizás en aquel instante
entre la luz y la sombra,
en aquel breve parpadeo
antes de desfallecer.
He encontrado calma
en la violencia de esas manos,
sin embargo, tiemblo
ante la delicadeza de tus caricias.
Muchas han tocado mi cuerpo,
pero ninguna ha alcanzado
mi virgen corazón.
Quizás si te permito
acercarte demasiado,
logres lo que nadie ha conseguido,
y me encuentres en tus brazos,
viviendo y muriendo de amor.
Eco del caos.
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