Marea

Osidiria

Poeta asiduo al portal
La marea alta del tiempo ha sumergido mi ventana
en horizontes teñidos con el recuerdo,
lo geranios que tenia plantados con oídos para el silencio
se han secado y en su lugar han florecido soles muertos,
las horas que antes bailaban el vals de los colores
han dado lugar a un juego de ajedrez
en un tablero con cuadros redondos, todos negros,
y en los que solo se ofrecen misas de réquiem,
un amplio repertorio de santos sin cielo se ha abierto,
todos los espejos reflejan la amenaza cada vez más cierta
del fin de la lluvia para la primavera
y todo apunta a una sequía de besos
porque no hay labios que los ofrezcan.

Las manecillas del reloj, duras como piedras,
avanzan torpemente como flechas lanzadas con un arco sin tensar
entre unos ojos que se han olvidado de parpadear hace años
y una boca que huele a culpa desde lejos,
un hombre con semblante y ojeras de mil años
dado por muerto y enterrado sin saberlo
con un lumbago crónico en los nudillos de los dedos
se afana por disimilar que ha perdido la habilidad de respirar,
de lejos parece el espejismo de un cuervo negro,
pero de cerca es real,
tanto como puede serlo un fantasma que no puede soñar,
y cuando imagina que lo hace
es solo la pesadilla rondando la almohada de espinas
del verdugo y su víctima en su noche nupcial.
***
**
*






 
La marea alta del tiempo ha sumergido mi ventana
en horizontes teñidos con el recuerdo,
lo geranios que tenia plantados con oídos para el silencio
se han secado y en su lugar han florecido soles muertos,
las horas que antes bailaban el vals de los colores
han dado lugar a un juego de ajedrez
en un tablero con cuadros redondos, todos negros,
y en los que solo se ofrecen misas de réquiem,
un amplio repertorio de santos sin cielo se ha abierto,
todos los espejos reflejan la amenaza cada vez más cierta
del fin de la lluvia para la primavera
y todo apunta a una sequía de besos
porque no hay labios que los ofrezcan.

Las manecillas del reloj, duras como piedras,
avanzan torpemente como flechas lanzadas con un arco sin tensar
entre unos ojos que se han olvidado de parpadear hace años
y una boca que huele a culpa desde lejos,
un hombre con semblante y ojeras de mil años
dado por muerto y enterrado sin saberlo
con un lumbago crónico en los nudillos de los dedos
se afana por disimilar que ha perdido la habilidad de respirar,
de lejos parece el espejismo de un cuervo negro,
pero de cerca es real,
tanto como puede serlo un fantasma que no puede soñar,
y cuando imagina que lo hace
es solo la pesadilla rondando la almohada de espinas
del verdugo y su víctima en su noche nupcial.
***
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El tiempo y sus repertorios, un intenso canto que va
desgranando formas errantes e interminables raices para
que la nostalgia se afinque en esos sueños de realidad
perdida.
excelente y pleno de imagenes que son pesares vitales.
saludos amables de luzyabsenta
 

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