Y a medida que avanzan las horas y el día va cayendo sobre los hombros de maría,
el letargo, esa despiadada nota amarga que nos susurra al oído que tendremos que abandonar
todo lo que amamos alguna vez,
a nuestros hijos,
nuestra tasa de las agüitas de yerbas,
nuestra música
Las flores que secas mueven sus pétalos
rompen el silencio que envuelve
y ni siquiera aquel crujido que estremece
puede cautivar su ánimo que decae cada día.
María llora detrás de una cortina
pues sus zapatos están húmedos
por haber llorado como una loca tras una cortina enjuga sus lágrimas en la suela de sus zapatos que húmedos calza por llorar tanto detrás de una cortina
llora maría
el letargo, esa despiadada nota amarga que nos susurra al oído que tendremos que abandonar
todo lo que amamos alguna vez,
a nuestros hijos,
nuestra tasa de las agüitas de yerbas,
nuestra música
Las flores que secas mueven sus pétalos
rompen el silencio que envuelve
y ni siquiera aquel crujido que estremece
puede cautivar su ánimo que decae cada día.
María llora detrás de una cortina
pues sus zapatos están húmedos
por haber llorado como una loca tras una cortina enjuga sus lágrimas en la suela de sus zapatos que húmedos calza por llorar tanto detrás de una cortina
llora maría