Tu sabes bien,
que nadie sabe.
Los dos inventamos un silencio nuevo,
donde goteaba el beso cristalino.
Cerrabamos los ojos y todas las ventanas,
y soltabamos del pecho los pajaros del alma.
Tu sabes bien,
que nadie sabe.
Las horas estancaban nuestros pasos,
y el ritmo de la tarde nos bailaba en los labios.
Aun percibo tu aliento de lluvioso verano,
impregnando mi cuerpo de tus rosas mojadas.
El ruido del porton, el aire que silbaba,
y a la puerta desnuda, tu sonrisa llegaba.
Mariposita blanca, me dejaste contento,
por eso entre mis versos
tus palabras enredo,
para que asi comprendas... que todavia te quiero.
german g