F. Noctívago
Poeta recién llegado
Dejas la bondad de tu alma
entretejida en mi pecho,
y se aposenta la calma.
En tu fuerza confía
mi corazón satisfecho,
me siento altivo en tu lecho
cuál cisne en su bahía.
Beso tus labios y noto,
un dulzor que me embelesa;
y en cada beso rebroto.
En este dulce momento
mi soledad se confiesa,
en ese beso se apresa
y se disuelve en tu aliento.
Pulsa en mi piel tu esperanza,
como perfume secreto;
como mariposa que danza.
En ese instante tan puro
sé que mi amor es completo;
por tu sosiego prometo
que a este amor me conjuro.
Última edición: