praga
Poeta recién llegado
I
Las paradojas son esos animalitos
tiernos y lisurientos que
desde la mañana a la noche
revuelven gatos en el té
para dar sabor a los batracios
que ha cogido en su camisa
mientras caminaba por el
centro comercial. Las paradojas
enseñan que un número es infinito
que un amigo siempre será una
piedra con la cual encontrarse
en el África o en las Antillas
para jugar al tejo.
Y si te dice que te fuiste
entenderá tus razones
y si no te vas es sólo
porque aún no has encontrado
tu razón. Pero no seas
impaciente.
II
Impaciente es una palabra gorda
y nada aguda. Roma.
Me veré sonriendo cada vez
que me la cruce en el camino.
Sé, palabra tantas veces
repetida, es verdad.
Y la fidelidad está allá
al fondo, al lado de la cocina
en la despensa donde se acumulan
los panes para mayo
entre los discos de alta revolución.
Mayo que nunca llega.
No hay porque preocuparse:
a pesar de que me conoces
estamos todavía a miles de kms
de distancia: babilonia
nos queda lejos, pero ahí
vivimos.
Aquí entre nosotros
el mundo tiene nombre de risa
de brisa veraniega, de huracán.
Nadie se atrevería a embotellar
a un huracán.
Nadie expecto.
III
Pero dos y dos son cuatro
sólo en la otra cara de
ese huevo que yo llamaba
luna y tú, terodáctilo.
IV
Las epigrafes no tienen espacio
en este hueso roido por
las ratas polizontes, por los
trapecios inexactos de los trapecistas.
Aquí sólo habrá construcciones nuevas
edificios de paredes de ventanas
ventanas abiertas para que
entre tu voz
y les de vida, este poema deberia
llamarse el soplo divino.
Pero antes ya te dije
nuestra noción esta limitada
por la grafía, por el verbo
y tú lo eres todo, y quiero
decir eres nada. Las constelaciones
y las flores que te mando
cada tanto para nombrarte.
Pero no te nombraré
no afilaré en fila
sujetos adjetivos verbos predicados.
Aquí hay edificios que derribar,
torres alzadas hasta rozar
la naúsea del cielo
un dedo hasta la yugular.
Sin fechas sin sentido
jugarse el todo por el todo.
Ponte tu vestido que hay
alguien en la puerta. Sí,
mejor que espere.
V
El intercomunicador
el teléfono la radio
llenan los espacios entre
las palabras. Como
los viejos caballeros
tomo mi recua de mulas
y te llevo hasta el borde
de mi casa, sin fugar:
mi opaca dignidad te elevará
entre los ajos de la gente
y el cosmos cabe en tu dedo.
VI
Hablando de los animales que
llenaron el arca me pregunto
que habra sido del hipogrifo
esas cuarenta noches
dónde habrá andado: las criaturas del agua
sobrevivieron todas
el infierno es por ello la sed, pero
las criaturas de la tierra?
El diluvio era el castigo
para aquellos que abandonaron
el agua, fue tal vez peor
para las que se atrevieron a habitar
el aire: el cielo estuvo destinado
para los dioses, qué habrá sido
de la esfinge que vuela o que camina
qué de la quimera que como todos
los gatos le tenía pavor al agua?
Bueno. Y luego conversábamos
de otra cosa.
Las paradojas son esos animalitos
tiernos y lisurientos que
desde la mañana a la noche
revuelven gatos en el té
para dar sabor a los batracios
que ha cogido en su camisa
mientras caminaba por el
centro comercial. Las paradojas
enseñan que un número es infinito
que un amigo siempre será una
piedra con la cual encontrarse
en el África o en las Antillas
para jugar al tejo.
Y si te dice que te fuiste
entenderá tus razones
y si no te vas es sólo
porque aún no has encontrado
tu razón. Pero no seas
impaciente.
II
Impaciente es una palabra gorda
y nada aguda. Roma.
Me veré sonriendo cada vez
que me la cruce en el camino.
Sé, palabra tantas veces
repetida, es verdad.
Y la fidelidad está allá
al fondo, al lado de la cocina
en la despensa donde se acumulan
los panes para mayo
entre los discos de alta revolución.
Mayo que nunca llega.
No hay porque preocuparse:
a pesar de que me conoces
estamos todavía a miles de kms
de distancia: babilonia
nos queda lejos, pero ahí
vivimos.
Aquí entre nosotros
el mundo tiene nombre de risa
de brisa veraniega, de huracán.
Nadie se atrevería a embotellar
a un huracán.
Nadie expecto.
III
Pero dos y dos son cuatro
sólo en la otra cara de
ese huevo que yo llamaba
luna y tú, terodáctilo.
IV
Las epigrafes no tienen espacio
en este hueso roido por
las ratas polizontes, por los
trapecios inexactos de los trapecistas.
Aquí sólo habrá construcciones nuevas
edificios de paredes de ventanas
ventanas abiertas para que
entre tu voz
y les de vida, este poema deberia
llamarse el soplo divino.
Pero antes ya te dije
nuestra noción esta limitada
por la grafía, por el verbo
y tú lo eres todo, y quiero
decir eres nada. Las constelaciones
y las flores que te mando
cada tanto para nombrarte.
Pero no te nombraré
no afilaré en fila
sujetos adjetivos verbos predicados.
Aquí hay edificios que derribar,
torres alzadas hasta rozar
la naúsea del cielo
un dedo hasta la yugular.
Sin fechas sin sentido
jugarse el todo por el todo.
Ponte tu vestido que hay
alguien en la puerta. Sí,
mejor que espere.
V
El intercomunicador
el teléfono la radio
llenan los espacios entre
las palabras. Como
los viejos caballeros
tomo mi recua de mulas
y te llevo hasta el borde
de mi casa, sin fugar:
mi opaca dignidad te elevará
entre los ajos de la gente
y el cosmos cabe en tu dedo.
VI
Hablando de los animales que
llenaron el arca me pregunto
que habra sido del hipogrifo
esas cuarenta noches
dónde habrá andado: las criaturas del agua
sobrevivieron todas
el infierno es por ello la sed, pero
las criaturas de la tierra?
El diluvio era el castigo
para aquellos que abandonaron
el agua, fue tal vez peor
para las que se atrevieron a habitar
el aire: el cielo estuvo destinado
para los dioses, qué habrá sido
de la esfinge que vuela o que camina
qué de la quimera que como todos
los gatos le tenía pavor al agua?
Bueno. Y luego conversábamos
de otra cosa.