Ya verdean los campos de Matusalén.Este santo patrón ríe como una recién cerilla encendida en mitad de la espesa noche.Y con sus pies descalzos va caminando entre los bosques infinitos de encinas que lo protegen del nubarrón que,presto,está a descargar la copiosa lluvia de primavera.Los pájaros,mientras,se encaraman en las ramas anudadas con cintas de pelo de mujer.Allí dirige su vista anciana Matusalén y,suspirando por un amor perdido de juventud,trepa por uno de los árboles que lleva a tal regalo de remembranza femenino.Pero,¡ay!,ya empieza a caer de los desgarrados cielos humo de nieve que embadurna todos los árboles y,nuestro personaje bíblico,resbala.Cayendo al suelo con un golpe seco y perdiendo la vida al desnucarse.