BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Proclamando mi propia muerte
silencio empujado desde otro nivel
el agua ennoblece las frentes
los charcos derrotados crujen
las estrellas son sacos espléndidos
de paja.
Las derivadas ecuaciones
epítomes absolutos, en qué
aire, renaces? Para cumplirme
en veloz matanza, la lucha
siempre es hasta la sangre.
La hez es un compendio
figuras abstractas, un país
desdichado y su frágil esperanza,
todo mata y me mata.
De la guerra civil
lienzos proscritos
una aventura sobre el terreno
de alcaldes, venturosos, quizás,
exiguos apóstoles sin un interés
desmedido.
Y las vértebras que crujen
solitarias y solidarias
ritmo de campanas
en la vendimia apresada
futuras muestras maltrechas
de ídolos desvencijados,
la terrestre línea
embalsamada por forajidos.
Yo quieto, tan solo.
Tú, en la nervadura de la nieve,
con litros de huracanes
que falsean la sangre
y la prostituyen. Sacos
desigualados, un prostíbulo
con su almanaque, vencido,
de horas pasadas.
El periódico de tu vida:
noticias falsas, cuadros
idolatrados, músicos de orquesta,
algo que es intuición.
Nacen enseñados
como buenos hijos del futuro
todos lloran la pérdida de la ejemplar patria
de los daños carcomidos y de los cadáveres
apilados.
Todo es mendaz.
Toda una generación quizás miles
de ellas postradas en camas, en camastros,
entre luces discordantes y mortecinas:
papagayos y mayordomos, eso queda,
de la santa alianza.
Creyeron fácil como juntar las manos
quedarse hieráticos o inactivos
el resto de la existencia
tan frágil como un cometa
pasando lejano entre multitudes.
Esto era la paz, ser pacífico.
Y llegaron. Bastardos
sin plenitud de hijos.
Y el miedo, con ellos.
De su mano, con ellos.
Qué más podíamos hacer
se van quedando solas, las manos.
Y llego tarde, como siempre.
©
silencio empujado desde otro nivel
el agua ennoblece las frentes
los charcos derrotados crujen
las estrellas son sacos espléndidos
de paja.
Las derivadas ecuaciones
epítomes absolutos, en qué
aire, renaces? Para cumplirme
en veloz matanza, la lucha
siempre es hasta la sangre.
La hez es un compendio
figuras abstractas, un país
desdichado y su frágil esperanza,
todo mata y me mata.
De la guerra civil
lienzos proscritos
una aventura sobre el terreno
de alcaldes, venturosos, quizás,
exiguos apóstoles sin un interés
desmedido.
Y las vértebras que crujen
solitarias y solidarias
ritmo de campanas
en la vendimia apresada
futuras muestras maltrechas
de ídolos desvencijados,
la terrestre línea
embalsamada por forajidos.
Yo quieto, tan solo.
Tú, en la nervadura de la nieve,
con litros de huracanes
que falsean la sangre
y la prostituyen. Sacos
desigualados, un prostíbulo
con su almanaque, vencido,
de horas pasadas.
El periódico de tu vida:
noticias falsas, cuadros
idolatrados, músicos de orquesta,
algo que es intuición.
Nacen enseñados
como buenos hijos del futuro
todos lloran la pérdida de la ejemplar patria
de los daños carcomidos y de los cadáveres
apilados.
Todo es mendaz.
Toda una generación quizás miles
de ellas postradas en camas, en camastros,
entre luces discordantes y mortecinas:
papagayos y mayordomos, eso queda,
de la santa alianza.
Creyeron fácil como juntar las manos
quedarse hieráticos o inactivos
el resto de la existencia
tan frágil como un cometa
pasando lejano entre multitudes.
Esto era la paz, ser pacífico.
Y llegaron. Bastardos
sin plenitud de hijos.
Y el miedo, con ellos.
De su mano, con ellos.
Qué más podíamos hacer
se van quedando solas, las manos.
Y llego tarde, como siempre.
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