AlejandroAyala
Poeta recién llegado
Sólo quedó tu taza vacía sobre el mesón de la madrugada
y el aroma de aquel té de despedida.
El sonido de tu risa
y el perfume de tu pelo que caía sobre otros hombros.
Dejaste a mi alma vestida para la ocasión
y en sus bolsillos los rastros de aquella parte de tí.
Me dejaste hundido en el abismo de tus ojos
que ya no miran hacia mí.
Aquel canto de tu voz, detenido en el tiempo,
formulándose una y otra vez la misma interrogante.
Me dejaste tu sonrisa.
Me dejaste aquel instante.
Dejaste en mis manos los acordes
que hicieron de tu piel una canción.
Dejaste en mi boca tantos besos.
Dejaste en mí tantos recuerdos.
Aún sobre el jardín que fue nuestro lecho,
descansan aquellos sueños,
entre tu melodía, entre mis versos.
Y ese par de palabras se quedaron en silencio.
y el aroma de aquel té de despedida.
El sonido de tu risa
y el perfume de tu pelo que caía sobre otros hombros.
Dejaste a mi alma vestida para la ocasión
y en sus bolsillos los rastros de aquella parte de tí.
Me dejaste hundido en el abismo de tus ojos
que ya no miran hacia mí.
Aquel canto de tu voz, detenido en el tiempo,
formulándose una y otra vez la misma interrogante.
Me dejaste tu sonrisa.
Me dejaste aquel instante.
Dejaste en mis manos los acordes
que hicieron de tu piel una canción.
Dejaste en mi boca tantos besos.
Dejaste en mí tantos recuerdos.
Aún sobre el jardín que fue nuestro lecho,
descansan aquellos sueños,
entre tu melodía, entre mis versos.
Y ese par de palabras se quedaron en silencio.