Kein Williams
Poeta fiel al portal
Me ha matado...
Sus gritos le apretaron el cuello al silencio, hasta hacerlo morir.
-«¡Una serpiente!», dijo con pavor.
Y yo en mi zigzag inocente no percibí la velocidad de su brazo.
Me ha matado...
Tan solo porque en su prejuicio imaginó un ataque impulsivo.
«Es su naturaleza», pensó.
Y con total saña, fui decapitada.
Me ha matado...
Mientras me entierra para que nadie sea víctima de mi veneno.
Y ante cada puñado de tierra sobre mí pienso, ¡qué pena que no se haya dado cuenta que soy una culebra!
Sus gritos le apretaron el cuello al silencio, hasta hacerlo morir.
-«¡Una serpiente!», dijo con pavor.
Y yo en mi zigzag inocente no percibí la velocidad de su brazo.
Me ha matado...
Tan solo porque en su prejuicio imaginó un ataque impulsivo.
«Es su naturaleza», pensó.
Y con total saña, fui decapitada.
Me ha matado...
Mientras me entierra para que nadie sea víctima de mi veneno.
Y ante cada puñado de tierra sobre mí pienso, ¡qué pena que no se haya dado cuenta que soy una culebra!