Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Me hacés falta…
como el sol le falta al pecho cuando llueve por dentro,
como los abrazos que no dimos
y se quedaron temblando en la memoria.
Me hacés falta en las cosas más tontas,
en el café que se enfría solo,
en la cama que no se arruga,
en la risa que no llega,
y en la piel que espera.
Te busco —sin buscarte—
en las sombras del cuarto,
en el eco de mi voz cuando digo tu nombre
y sólo me contesta el silencio
vestido de tu ausencia.
Me hacés falta…
con esa falta que duele y no se queja,
que no grita, pero mata despacio,
como lo hacen las ganas que ya no se atreven
pero siguen ardiendo.
Hoy, mi amor,
te extraño como Sabines extrañaba la ternura,
como Neruda le hablaba al amor
aunque el amor ya no estuviera.
Te extraño sin poesía,
con la urgencia de los que han amado de veras,
con esta manera de llorar sin lágrimas,
de esperarte aunque no vengas,
de quererte aunque no vuelvas.
Porque me hacés falta,
y no lo digo por drama,
lo digo con la carne que recuerda,
con el alma que no te suelta,
con el corazón que, terco,
sigue escribiéndote en cada latido.
—Amor, por si mañana también te hago falta.
como el sol le falta al pecho cuando llueve por dentro,
como los abrazos que no dimos
y se quedaron temblando en la memoria.
Me hacés falta en las cosas más tontas,
en el café que se enfría solo,
en la cama que no se arruga,
en la risa que no llega,
y en la piel que espera.
Te busco —sin buscarte—
en las sombras del cuarto,
en el eco de mi voz cuando digo tu nombre
y sólo me contesta el silencio
vestido de tu ausencia.
Me hacés falta…
con esa falta que duele y no se queja,
que no grita, pero mata despacio,
como lo hacen las ganas que ya no se atreven
pero siguen ardiendo.
Hoy, mi amor,
te extraño como Sabines extrañaba la ternura,
como Neruda le hablaba al amor
aunque el amor ya no estuviera.
Te extraño sin poesía,
con la urgencia de los que han amado de veras,
con esta manera de llorar sin lágrimas,
de esperarte aunque no vengas,
de quererte aunque no vuelvas.
Porque me hacés falta,
y no lo digo por drama,
lo digo con la carne que recuerda,
con el alma que no te suelta,
con el corazón que, terco,
sigue escribiéndote en cada latido.
—Amor, por si mañana también te hago falta.