Poeta de mi alma
Poeta recién llegado
Por las calles, los visitantes
del norte corren dando
nostalgia a los corazón
solos, los faltos de amor.
Pasa el bus frente a la
tienda y una ola de
polvo envuelve a la gente;
dejándola café como
un retrato de sepia.
De la bulla hablantina
de la gente que va
y viene por las calles
de la cuidad.
Aparece en la puerta:
aquella, aquella que
en las noches crea
nostalgia y aventura
en mi vida mundana.
Siento el latido acelerado
del corazón que esta impresionado
por ver aquella bella escultura,
pero, en un abrir y cerrar de
ojos, se cae al suelo mi
alegría, como cae al suelo
la cuecha de tabaco.
La luz de mis ojos se
siente sofocada por la
realidad que nace de
la buena realidad de ser cobarde.
Charlamos los dos más
un intruso, hasta que reímos,
y yo, yo; me hago el de
la gran carcajada alegre,
pero en realidad esa
carcajada lacera gran
parte de mi corazón.
A la lejanía, los veo
caminar tomados de
la mano, como una
vez yo camine junto a ella.
Siento que he quedado
como el perro de la
pata coja, he quedado
muerto, pero de pie;
derrumbado de las nubes
en donde viajaba junto a ella.
Entiendo que aquel cuento
de la princesita del librito
no era mas que una fantasía
del escaparate de la belleza.
Por fin, la tristeza
logra romper mis buenos
modales de fineza, para
dejarme caer en la acera.
El llanto que destilan
mis ojos, cae, en el caño
de mala fe, donde los
borrachos pasan las noche.
Y ahora logro entender la realidad:
me pregunto: Gardel ¿Por que me has robado a la princesa?
del norte corren dando
nostalgia a los corazón
solos, los faltos de amor.
Pasa el bus frente a la
tienda y una ola de
polvo envuelve a la gente;
dejándola café como
un retrato de sepia.
De la bulla hablantina
de la gente que va
y viene por las calles
de la cuidad.
Aparece en la puerta:
aquella, aquella que
en las noches crea
nostalgia y aventura
en mi vida mundana.
Siento el latido acelerado
del corazón que esta impresionado
por ver aquella bella escultura,
pero, en un abrir y cerrar de
ojos, se cae al suelo mi
alegría, como cae al suelo
la cuecha de tabaco.
La luz de mis ojos se
siente sofocada por la
realidad que nace de
la buena realidad de ser cobarde.
Charlamos los dos más
un intruso, hasta que reímos,
y yo, yo; me hago el de
la gran carcajada alegre,
pero en realidad esa
carcajada lacera gran
parte de mi corazón.
A la lejanía, los veo
caminar tomados de
la mano, como una
vez yo camine junto a ella.
Siento que he quedado
como el perro de la
pata coja, he quedado
muerto, pero de pie;
derrumbado de las nubes
en donde viajaba junto a ella.
Entiendo que aquel cuento
de la princesita del librito
no era mas que una fantasía
del escaparate de la belleza.
Por fin, la tristeza
logra romper mis buenos
modales de fineza, para
dejarme caer en la acera.
El llanto que destilan
mis ojos, cae, en el caño
de mala fe, donde los
borrachos pasan las noche.
Y ahora logro entender la realidad:
me pregunto: Gardel ¿Por que me has robado a la princesa?