Leo Bruno
Poeta perdido, pero encontrado
Por arrancar de tu boca un pálido quejido,
y para acariciar tu cuerpo, sin un reproche.
Me he condenado a ti.
¿Que hare ahora?
Para extinguir la sed que me entrega
la humedad de tu piel.
¿Tendría quizás, que ahogarme en el mar de tus ojos?.
¿Sofocarme entre tus pechos?, ¿Perder la razón?
No seria un inútil sacrificio,
si con ello terminare por fin,
con este infecundo desenfreno.
Para liquidar hoy, ese placer que me provocas,
tendría que condenarme infinitamente.
Exigirle ayuda al más siniestro de todos,
para arrancarme por siempre de ti.
O enredar más y más mis sentidos,
para que no me reconozcan, ni entre los hombres.
Y aun así, con un beso tuyo, lo tengo todo.
y para acariciar tu cuerpo, sin un reproche.
Me he condenado a ti.
¿Que hare ahora?
Para extinguir la sed que me entrega
la humedad de tu piel.
¿Tendría quizás, que ahogarme en el mar de tus ojos?.
¿Sofocarme entre tus pechos?, ¿Perder la razón?
No seria un inútil sacrificio,
si con ello terminare por fin,
con este infecundo desenfreno.
Para liquidar hoy, ese placer que me provocas,
tendría que condenarme infinitamente.
Exigirle ayuda al más siniestro de todos,
para arrancarme por siempre de ti.
O enredar más y más mis sentidos,
para que no me reconozcan, ni entre los hombres.
Y aun así, con un beso tuyo, lo tengo todo.
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