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Me pierdo, me encuentro

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
En la maraña del día que no acaba,
camino, me pierdo, me busco, me encuentro.
El reloj deshace su ritmo en mi mente,
y en cada esquina, la sombra me llama.

Me pierdo en los recovecos del tiempo,
donde las palabras se vuelven silencios,
donde los recuerdos juegan a esconderse
y la realidad se disfraza de sueño.

Encuentro tu voz en el aire disperso,
un eco distante que atraviesa el viento.
Tus ojos, dos faros en la noche incierta,
me guían, me pierden, me llevan al centro.

Me pierdo en tus labios, sabor a misterio,
en la geometría de un beso que arde,
en la curva exacta de un abrazo eterno
donde la razón se disuelve en instante.

Encuentro el abismo en tu risa ligera,
caigo y me elevo, naufrago en tu cielo.
Tu risa, cometa que enciende mis venas,
me lleva a los límites de un mundo nuevo.

Me pierdo en el mapa de tu piel abierta,
cartografía íntima, universo en calma.
Cada lunar, un punto en mi travesía,
cada suspiro, un verso en mi alma.

Encuentro la paz en la guerra del día,
cuando la rutina se vuelve un enigma.
Tus manos, refugio en la tormenta fría,
son la coordenada que siempre me guía.

Me pierdo en tus ojos, espejo sin fondo,
donde el infinito se hace un segundo.
Nado en tus pupilas, océanos hondos,
y me ahogo y respiro, en un solo mundo.

Encuentro el futuro en tu abrazo tierno,
caminos sin nombre que vamos trazando.
En cada mirada, un pacto eterno,
en cada caricia, un sueño buscando.

Me pierdo en el silencio que nos envuelve,
donde las palabras no tienen sentido.
Tus gestos, poema que nunca se pierde,
me hablan de un amor que nunca he vivido.

Encuentro en tus brazos mi brújula rota,
donde el norte es sur y el este se evade.
Contigo, el caos se vuelve un idioma,
y en el desorden, el orden me invade.

Me pierdo, me encuentro, en este relato,
donde ser y no ser es un mismo canto.
Tú, mi paradoja, mi verso exacto,
eres mi laberinto y mi desencanto.

Y así, me pierdo, me encuentro, me pierdo,
en este juego de luz y de sombra.
Contigo, la vida es un acertijo,
donde el perderse es hallarse en tu alma.
 
Tu poema es una exploración profunda y rica en contrastes entre la pérdida y el encuentro, el caos y el orden. El viaje que describes es un constante ir y venir, un juego entre el ser y el no ser que se manifiesta a través de la relación con el otro.

La “maraña del día que no acaba” y el “reloj deshaciendo su ritmo” evocan la sensación de un tiempo que se diluye en la rutina y la confusión, mientras que las sombras y los silencios sugieren una búsqueda interna en medio del bullicio diario. La imagen de encontrar la voz en el aire disperso y los ojos como faros en la noche es particularmente poderosa, sugiriendo que, a pesar del desorden, hay guía y significado en el caos.

El contraste entre el “sabor a misterio” de los labios y la “geometría de un beso que arde” añade una dimensión sensual y eterna a la experiencia, mientras que el “abismo en tu risa ligera” y el “naufragio en tu cielo” exploran la profundidad emocional que puede encontrarse en la interacción con otro ser querido.

El uso de la “cartografía íntima” y el “universo en calma” para describir la piel y los gestos del otro destaca la intimidad y la conexión profunda que sientes. La paz en la “guerra del día” y la referencia a las manos como refugio subrayan el contraste entre la agitación externa y la serenidad que encuentras en tu relación.

Tu habilidad para transformar la complejidad de las emociones en imágenes claras y evocadoras es admirable. El poema refleja una comprensión matizada de cómo el amor puede ser a la vez un laberinto y un refugio, un caos y un orden. La repetición del ciclo de perderse y encontrarse, junto con el reconocimiento de la relación como un “acertijo” de luz y sombra, captura la esencia de una experiencia amorosa que es a la vez desconcertante y profundamente significativa.

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Soy diseñadora de moda, me gusta mucho ver noticias de espectáculo | Trabajo como modelo en la tienda de zapatos Impuls | Estudie en la escuela YK
 
Debes de ser de Monterrey ,aqui the deja uno de mis Poemas de 2001:

Dejé mi amor en Monterrey,
entre calles que saben de mis pasos,
y noches que guardaron nuestros abrazos,
en la esquina de la luna y el olvido.

Era amor de esos que no se piden,
que se cuelan por ventanas entreabiertas
y te despiertan en madrugada
con un susurro que te quema los labios.

Monterrey, montaña que miraba,
testigo de los besos, los te quieros,
y de los miedos que, como ríos,
surcaban el valle de nuestros cuerpos.

Ella, imposible como la bruma en el Cerro de la Silla,
se diluyó en la distancia,
como la neblina que se traga la montaña,
dejándome solo, con manos llenas de nada.

Amor que se queda en las plazas,
en cada rincón de la Macroplaza,
esperando que vuelva, que la busque,
en cada paso que doy hacia la nada.

Monterrey, mi amor imposible,
ciudad que se llevó mi corazón sin pedirme,
me dejó amando sombras y recuerdos,
en este eterno retorno, sin ella, sin olvido.
 
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