Él la había conquistado con su mirada.
Y Margarita pensó me quiere.
Y poco a poco se fue quitando los pétalos,
uno a uno, cada vez que él se lo pedía
porque en el fondo sabía que si no consentía,
el amor que él sentía por ella terminaría.
Ella le amó y le dejó que fuera él mismo
quien arrancase el último de sus pétalos.
Pero al verse desnuda, tirada en el suelo,
y abandonada por el que le hizo perder sus pétalos,
Margarita supo que sólo había sido un juego de niños
para él.
Ahora lo único que le quedaba era
un corazón destrozado y sufriente,
al que le había sido vedada para siempre
la pureza, la protección y el atractivo
de aquellos pétalos blancos.
Y Margarita pensó me quiere.
Y poco a poco se fue quitando los pétalos,
uno a uno, cada vez que él se lo pedía
porque en el fondo sabía que si no consentía,
el amor que él sentía por ella terminaría.
Ella le amó y le dejó que fuera él mismo
quien arrancase el último de sus pétalos.
Pero al verse desnuda, tirada en el suelo,
y abandonada por el que le hizo perder sus pétalos,
Margarita supo que sólo había sido un juego de niños
para él.
Ahora lo único que le quedaba era
un corazón destrozado y sufriente,
al que le había sido vedada para siempre
la pureza, la protección y el atractivo
de aquellos pétalos blancos.