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Mediterráneo mar

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MEDITERRÁNEO MAR


Gaviota enarenada que desgrana

polvos dorados en el filo de la tarde

Olas aquietadas que permiten traslucir

las claras carnaciones de sirenas inconfesas

Mediterráneo mar receptáculo suntuoso

de los fracasados aqueménidas

mar murmullo de armonías nacaradas



Estelas polvorientas de los fracturados combates

campos de gules para heráldicas futuras

Líquidas saetas mancilladas por la sangre acuosa del delfín

que ofrece su lomo brillante al héroe en retirada

Y las amapolas que sacian su sed de amor

junto al torrente que fue

Todavía los pianos alcancías de los trinos

no han deshecho los prodigios que Euterpe guardó en sus vientres



Torre Abadum testigo de las siestas de algún fauno

las lunas de septiembre albergan todavía

testimonios de su infancia

En las cascadas nocturnas de los cabellos del hada

se quiebran como notas desfasadas

las ilusiones y sueños que dejan las mariposas truncadas



Es la hora de la siesta y callan los pífanos bereberes

Es la hora de la siesta y adormiladas cigarras

afinan entre los lejanos trigales sus conciertos y sus espadas

Reviven los teoremas donde duermen los colores

triángulos y cosenos en fraternal armonía

viajan hasta las remotas calas

y espejos imprudentes desvelan los sueños rotos de los lirios



Los cantuesos y romeros y el mar que es sólo recuerdo

de aquellos griegos falaces que hicieron del mármol seda

y de la canción su patria

Queda como brasa ferviente la muchacha recostada en el diván

y un gato fauve y un arrullo de sedas y de rosas

La muchacha duerme su duermevela

y espera a la bien labrada estatua



Los menestrales trasladan capiteles y llenan intercolumnios

con los inciensos traídos para dioses traicionados

Es septiembre y la hora de la siesta

como marco y sustancia del alma mediterránea

que alada vuela hacia nimbos ya beodos

o a las cálidas solanas recostadas en los montes

recubiertos por esbozos que son todavía romeros

y algún día serán templos o estatuas.



a98-la-alegria-de-vivir-1905-06-matisse.jpeg

Ilust.: H. Matisse. “La alegría de vivir” 1905/06
 
MEDITERRÁNEO MAR


Gaviota enarenada que desgrana

polvos dorados en el filo de la tarde

Olas aquietadas que permiten traslucir

las claras carnaciones de sirenas inconfesas

Mediterráneo mar receptáculo suntuoso

de los fracasados aqueménidas

mar murmullo de armonías nacaradas



Estelas polvorientas de los fracturados combates

campos de gules para heráldicas futuras

Líquidas saetas mancilladas por la sangre acuosa del delfín

que ofrece su lomo brillante al héroe en retirada

Y las amapolas que sacian su sed de amor

junto al torrente que fue

Todavía los pianos alcancías de los trinos

no han deshecho los prodigios que Euterpe guardó en sus vientres



Torre Abadum testigo de las siestas de algún fauno

las lunas de septiembre albergan todavía

testimonios de su infancia

En las cascadas nocturnas de los cabellos del hada

se quiebran como notas desfasadas

las ilusiones y sueños que dejan las mariposas truncadas



Es la hora de la siesta y callan los pífanos bereberes

Es la hora de la siesta y adormiladas cigarras

afinan en los lejanos trigales sus conciertos y sus espadas

Reviven los teoremas donde duermen los colores

triángulos y cosenos en fraternal armonía

viajan hasta las remotas calas

y espejos imprudentes desvelan los sueños rotos de los lirios



Los cantuesos y romeros y el mar que es sólo recuerdo

de aquellos griegos falaces que hicieron del mármol seda

y de la canción su patria

Queda como brasa ferviente la muchacha recostada en el diván

y un gato fauve y un arrullo de sedas y de rosas

La muchacha duerme su duermevela

y espera a la bien labrada estatua



Los menestrales trasladan capiteles y llenan intercolumnios

con los inciensos traídos para dioses traicionados

Es septiembre y la hora de la siesta

como marco y sustancia del alma mediterránea

que alada vuela hacia nimbos ya beodos

o a las cálidas solanas recostadas en los montes

recubiertos por esbozos que son todavía romeros

y algún día serán templos o estatuas.



a98-la-alegria-de-vivir-1905-06-matisse.jpeg

Ilust.: H. Matisse. “La alegría de vivir” 1905/06


Abundante inspiración que se recrea en ese mar Mediterráneo, siempre son estupendas lecturas las de tus obras, y siempre admirable tu arte, querido amigo Miguel. Un abrazo.
 
Última edición por un moderador:
MEDITERRÁNEO MAR


Gaviota enarenada que desgrana

polvos dorados en el filo de la tarde

Olas aquietadas que permiten traslucir

las claras carnaciones de sirenas inconfesas

Mediterráneo mar receptáculo suntuoso

de los fracasados aqueménidas

mar murmullo de armonías nacaradas



Estelas polvorientas de los fracturados combates

campos de gules para heráldicas futuras

Líquidas saetas mancilladas por la sangre acuosa del delfín

que ofrece su lomo brillante al héroe en retirada

Y las amapolas que sacian su sed de amor

junto al torrente que fue

Todavía los pianos alcancías de los trinos

no han deshecho los prodigios que Euterpe guardó en sus vientres



Torre Abadum testigo de las siestas de algún fauno

las lunas de septiembre albergan todavía

testimonios de su infancia

En las cascadas nocturnas de los cabellos del hada

se quiebran como notas desfasadas

las ilusiones y sueños que dejan las mariposas truncadas



Es la hora de la siesta y callan los pífanos bereberes

Es la hora de la siesta y adormiladas cigarras

afinan entre los lejanos trigales sus conciertos y sus espadas

Reviven los teoremas donde duermen los colores

triángulos y cosenos en fraternal armonía

viajan hasta las remotas calas

y espejos imprudentes desvelan los sueños rotos de los lirios



Los cantuesos y romeros y el mar que es sólo recuerdo

de aquellos griegos falaces que hicieron del mármol seda

y de la canción su patria

Queda como brasa ferviente la muchacha recostada en el diván

y un gato fauve y un arrullo de sedas y de rosas

La muchacha duerme su duermevela

y espera a la bien labrada estatua



Los menestrales trasladan capiteles y llenan intercolumnios

con los inciensos traídos para dioses traicionados

Es septiembre y la hora de la siesta

como marco y sustancia del alma mediterránea

que alada vuela hacia nimbos ya beodos

o a las cálidas solanas recostadas en los montes

recubiertos por esbozos que son todavía romeros

y algún día serán templos o estatuas.



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Ilust.: H. Matisse. “La alegría de vivir” 1905/06
El paso de la contemplacion historica para un mar que sigue deslizando
mitologia e historia, distraciones capaces desde esa torre, que mirando
al horizonte calmado para recreando acorde de una vitalidad mezclada
en esa busqueda infina de la magia y el color de su suprema superficie.
un especial poema lleno de sabores contemplativos. saludos amables de
luzyabsenta
 
Muchas gracias, Carlos, por tu visita y tu grata respuesta. Efectivamente el Meditarranéo sigue surcado por las venas de la Historia y la Cultura, nuestra cultura occidental, que sigue siendo fértil campo donde anidan las sensibilidades más finas. Evoca y propicia las manifestaciones del Arte, aunque algunos no demos la talla. Un cordial abrazo, querido amigo,
miguel
 

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