scarlata
Poeta veterano en el portal.
Con las piernas suspendidas en el aire es más fácil pensar.
Al no rozar el suelo, ningún contacto sólido se interpone entre los pensamientos y la etérea sensanción de flotar en el espacio.
Pero no siempre conviene pensar, por eso apoyo los pies en el suelo de madera y alejo de un manotazo las ideas.
Ya no quiero estar suspendida en el aire.
Una vez más las contradicciones me manejan.
Para qué seguir con este rollo metafísico que a nadie le interesa.
Basta ya de sufrir, hagamos de este comienzo un pequeño y remediable error, bajemos de la luna, aterricemos en el planeta Tierra, país España, ciudad Madrid, justo en el centro, cerca de donde la ciudad inició su vida, cerca del lugar imposible en el que la tarde duda.
Ahí es donde me encuentro y qué mas da que piense o no piense. A quién puede interesarle una mujer sola en una casa hermosa.
Hablemos un poco de la casa porque las paredes entre las que vivimos nos definen.
Porque esta casa soy yo y yo soy esta casa.
Contradictorio pero cierto.
No pude evitar que sucediera.
Debería darnos igual habitar un lugar u otro pero lamentablemente no es así.
Somos prisioneros del espacio que habitamos.
Mi casa es lo que quise que fuera mi vida y por eso la amo y la odio al mismo tiempo.
Tengo el escenario perfecto, un montaje de ensueño, cada detalle perfectamente estudiado, cada cosa en su lugar, lo importante y lo menos importante. Lo que es y lo que no es.
No hay ningún objeto sin historia, nada que no me pertenezca mucho más allá del valor monetario y,
sin embargo, no es el lugar que uno esté a gusto de habitar.
Demasiado perfecta tal vez...
Demasiado incapaz de decorar las tristezas. Pero qué importa?
Quedé en que no iba a pensar.
Al no rozar el suelo, ningún contacto sólido se interpone entre los pensamientos y la etérea sensanción de flotar en el espacio.
Pero no siempre conviene pensar, por eso apoyo los pies en el suelo de madera y alejo de un manotazo las ideas.
Ya no quiero estar suspendida en el aire.
Una vez más las contradicciones me manejan.
Para qué seguir con este rollo metafísico que a nadie le interesa.
Basta ya de sufrir, hagamos de este comienzo un pequeño y remediable error, bajemos de la luna, aterricemos en el planeta Tierra, país España, ciudad Madrid, justo en el centro, cerca de donde la ciudad inició su vida, cerca del lugar imposible en el que la tarde duda.
Ahí es donde me encuentro y qué mas da que piense o no piense. A quién puede interesarle una mujer sola en una casa hermosa.
Hablemos un poco de la casa porque las paredes entre las que vivimos nos definen.
Porque esta casa soy yo y yo soy esta casa.
Contradictorio pero cierto.
No pude evitar que sucediera.
Debería darnos igual habitar un lugar u otro pero lamentablemente no es así.
Somos prisioneros del espacio que habitamos.
Mi casa es lo que quise que fuera mi vida y por eso la amo y la odio al mismo tiempo.
Tengo el escenario perfecto, un montaje de ensueño, cada detalle perfectamente estudiado, cada cosa en su lugar, lo importante y lo menos importante. Lo que es y lo que no es.
No hay ningún objeto sin historia, nada que no me pertenezca mucho más allá del valor monetario y,
sin embargo, no es el lugar que uno esté a gusto de habitar.
Demasiado perfecta tal vez...
Demasiado incapaz de decorar las tristezas. Pero qué importa?
Quedé en que no iba a pensar.