entraste extraña en el mirar cotidiano de las cosas
silenciosa y leve como un aurora invernal
te sentí suspiro imperceptible en mi conciencia
pero no te fuiste y anclaste tus raíces profundas
en el tiempo que va espesando la vida
lentamente engalanaste tus ojos tristes
para encadenar mi mirada ansiosa
tú sabías de las horas pacientes
que harían florecerte como una enredadera,
alimentada por la luz y la sangre de mis días
te fui sintiendo cada vez más mía
murmullo de ríos de montañas lejanas
que habla y conforma las cosas nuevas
con el sonido de huellas antiguas
hoy ya no me inquietas,
salvo, tal vez, cuando hieres alguna pena
algo más rocosa, más enquistada
de la infancia más íntima
te voy sintiendo como la escarcha todavía fría
que sabe de la morada última de las estrellas
cada vez más en mí, cada vez más querida
ya no podría vivir sin tí
sin el aliento de otoños de hojas sintientes
con que me invitas todos los días
encariñado ya de tu sentir conquistado
te llevaré conmigo más allá de la vida
¿qué quedará de mí cuando muera?
quizás quedará, únicamente, tu aroma
como un aliento que me elevará
al corazón de algún ángel curioso
con el lamento mortal de la soledad
que nos espera
silenciosa y leve como un aurora invernal
te sentí suspiro imperceptible en mi conciencia
pero no te fuiste y anclaste tus raíces profundas
en el tiempo que va espesando la vida
lentamente engalanaste tus ojos tristes
para encadenar mi mirada ansiosa
tú sabías de las horas pacientes
que harían florecerte como una enredadera,
alimentada por la luz y la sangre de mis días
te fui sintiendo cada vez más mía
murmullo de ríos de montañas lejanas
que habla y conforma las cosas nuevas
con el sonido de huellas antiguas
hoy ya no me inquietas,
salvo, tal vez, cuando hieres alguna pena
algo más rocosa, más enquistada
de la infancia más íntima
te voy sintiendo como la escarcha todavía fría
que sabe de la morada última de las estrellas
cada vez más en mí, cada vez más querida
ya no podría vivir sin tí
sin el aliento de otoños de hojas sintientes
con que me invitas todos los días
encariñado ya de tu sentir conquistado
te llevaré conmigo más allá de la vida
¿qué quedará de mí cuando muera?
quizás quedará, únicamente, tu aroma
como un aliento que me elevará
al corazón de algún ángel curioso
con el lamento mortal de la soledad
que nos espera