Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
Tan fiero;
tan efímero como aquella flor.
Y vive, y muerde
y de un mordisco ya no vive el corazón;
ni muerde
solo calla ausente;
solo muere ausente.
¡Hasta se ausenta estando ausente!
Aviva su fuego la vida
ardiendo en sus agónicas voces,
entre suspiros fríos, helados presentes,
entre el gemir acorazado de la esencia,
muere; ausente.
Yo; suspiro trágico de la vida,
vivo; presente.
Limito con versos el silencio infinito,
atesto de voz lo oscuro,
adiestro en amores mi vieja pluma,
empática de corazones ausentes,
insumisa a palabras austeras, pobres
¿Acaso existen poetas sin corazón?
Odio el sensacionalismo
de sensaciones a las que amo,
tan fieras;
tan efímeras como el rocío
que riega aquella flor,
tan presentes como la vida.
Mientras, aquél muere ausente
en el lugar de recreo
donde juega y descansa
la eternidad del tiempo.
tan efímero como aquella flor.
Y vive, y muerde
y de un mordisco ya no vive el corazón;
ni muerde
solo calla ausente;
solo muere ausente.
¡Hasta se ausenta estando ausente!
Aviva su fuego la vida
ardiendo en sus agónicas voces,
entre suspiros fríos, helados presentes,
entre el gemir acorazado de la esencia,
muere; ausente.
Yo; suspiro trágico de la vida,
vivo; presente.
Limito con versos el silencio infinito,
atesto de voz lo oscuro,
adiestro en amores mi vieja pluma,
empática de corazones ausentes,
insumisa a palabras austeras, pobres
¿Acaso existen poetas sin corazón?
Odio el sensacionalismo
de sensaciones a las que amo,
tan fieras;
tan efímeras como el rocío
que riega aquella flor,
tan presentes como la vida.
Mientras, aquél muere ausente
en el lugar de recreo
donde juega y descansa
la eternidad del tiempo.