Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Memorias del arrabal
Soy un chico de arrabal,
de mirada lejana y soñadora,
llevo en la sangre la desolación
del puerto y sus peregrinos
aferrada al corazón,
la esperanza de dos ojos golondrina
anidando en la cerrazón,
la calle en la lúgubre luz de aquel farol,
las piernas de la noche seduciéndome bajo su calor,
la fiereza de un tango que se resigna a perecer.
Los potreros y polvaredas dormitan bajo la sombra de viejos muebles
desesperandose ante la vorágine de la gran ciudad,
la brisa inquieta sopla llevándose consigo memorias de tiernas comadronas,
casi un ángel para el recuerdo, casi una espina para el corazón.
No nos olvidemos jamás de nuestros guerreros de las llanuras,
ni de las sombras lunfardas de ciudad,
no dejemos las raíces del ceibo secar,
ni las anclas de nuestras barcas en el fondo de la mar.
No olvidemos que somos hijos del contrabando y el mestizaje,
del vino y el arrabal,
busquemos la pureza de esa luz,
no ayudémosla a callar.
El olvido es la peor traición,
el anzuelo por el que nuestros niños tendrán que desangrar
si el devenir de los horneros
nos siguen trenzando las pupilas con engaños,
arrancándonos algo mas que la piel.
No despertemos con la blanca palidez de un mundo en ruinas,
dejemos volar mas pájaros que los vientos,
alumbremos mas leyendas que el firmamento,
atropellemos si es necesario la razón,
para que a los ejes de nuestras carretas
no les queden ningún camino por recorrer.
Soy un chico de arrabal,
de mirada lejana y soñadora,
llevo en la sangre la desolación
del puerto y sus peregrinos
aferrada al corazón,
la esperanza de dos ojos golondrina
anidando en la cerrazón,
la calle en la lúgubre luz de aquel farol,
las piernas de la noche seduciéndome bajo su calor,
la fiereza de un tango que se resigna a perecer.
Los potreros y polvaredas dormitan bajo la sombra de viejos muebles
desesperandose ante la vorágine de la gran ciudad,
la brisa inquieta sopla llevándose consigo memorias de tiernas comadronas,
casi un ángel para el recuerdo, casi una espina para el corazón.
No nos olvidemos jamás de nuestros guerreros de las llanuras,
ni de las sombras lunfardas de ciudad,
no dejemos las raíces del ceibo secar,
ni las anclas de nuestras barcas en el fondo de la mar.
No olvidemos que somos hijos del contrabando y el mestizaje,
del vino y el arrabal,
busquemos la pureza de esa luz,
no ayudémosla a callar.
El olvido es la peor traición,
el anzuelo por el que nuestros niños tendrán que desangrar
si el devenir de los horneros
nos siguen trenzando las pupilas con engaños,
arrancándonos algo mas que la piel.
No despertemos con la blanca palidez de un mundo en ruinas,
dejemos volar mas pájaros que los vientos,
alumbremos mas leyendas que el firmamento,
atropellemos si es necesario la razón,
para que a los ejes de nuestras carretas
no les queden ningún camino por recorrer.