Mentiras

rcampuzano

Poeta asiduo al portal
Pequeñas dagas incrustabas,
palabras envenenadas
que, sin saberlo, socavarían mi seguridad y
desvelarían mi fragilidad que olvidada se encontraba.

A los ojos me mirabas, sin pensar en ti confiaba,
una cara siempre dabas, de la que me enamoraba.

Sin embargo, una tarde cuando el rocío tus cabellos mojaba,
de la mano de él caminabas.

En una mesa ensoñando me encontraba estar
acunado entre tus brazos,
deslumbrado por el refulgir de tus bellos ojos negros,
deleitado por la miel de tus labios,
imaginando en un futuro los dos en un romance enquistados.

A lo lejos divisé dos almas compenetradas,
que amor se dispensaban con desenfreno ancestral.
Al entrar en la taberna, fue enorme la sorpresa,
cuando desde una nube advertiste mi rostro con diafanidad.

En un instante descubrí el engaño en que vivía,
ensalzando tus mentiras como mi única verdad.

La musa que me inspiraba a enfrentar lo insufrible,
que una torre había erguido con su asegurada lealtad,
un segundo precisó para derrumbar castillos y
abandonar la inmortalidad que mi ser le auguraba.
 
Pequeñas dagas incrustabas,
palabras envenenadas
que, sin saberlo, socavarían mi seguridad y
desvelarían mi fragilidad que olvidada se encontraba.

A los ojos me mirabas, sin pensar en ti confiaba,
una cara siempre dabas, de la que me enamoraba.

Sin embargo, una tarde cuando el rocío tus cabellos mojaba,
de la mano de él caminabas.

En una mesa ensoñando me encontraba estar
acunado entre tus brazos,
deslumbrado por el refulgir de tus bellos ojos negros,
deleitado por la miel de tus labios,
imaginando en un futuro los dos en un romance enquistados.

A lo lejos divisé dos almas compenetradas,
que amor se dispensaban con desenfreno ancestral.
Al entrar en la taberna, fue enorme la sorpresa,
cuando desde una nube advertiste mi rostro con diafanidad.

En un instante descubrí el engaño en que vivía,
ensalzando tus mentiras como mi única verdad.

La musa que me inspiraba a enfrentar lo insufrible,
que una torre había erguido con su asegurada lealtad,
un segundo precisó para derrumbar castillos y
abandonar la inmortalidad que mi ser le auguraba.

NO SIEMPRE LA PERSONA QUE NOS DESLUMBRA Y NOS APASIONA MUESTRA SU VERDADERA PERSONALIDAD,ES TAN DIFICILAMAR Y SER AMADO,NO IMPOSIBLE,PERO ESPERO QUE TUS LETRAS SENTIDAS SEAN SOLO PRODUCTO DE TU IMAGINACION
SI NO ES ASI,PRONTO VERAS QUE SE VISLUMBRARA UN MEJOR PORVENIR
SALUDOS COMPATRIOTA
 
Gracias Duende, desgraciadamente nunca conocerás a la persona que está a tu lado, un abrazo!
 
Pequeñas dagas incrustabas,
palabras envenenadas
que, sin saberlo, socavarían mi seguridad y
desvelarían mi fragilidad que olvidada se encontraba.

A los ojos me mirabas, sin pensar en ti confiaba,
una cara siempre dabas, de la que me enamoraba.

Sin embargo, una tarde cuando el rocío tus cabellos mojaba,
de la mano de él caminabas.

En una mesa ensoñando me encontraba estar
acunado entre tus brazos,
deslumbrado por el refulgir de tus bellos ojos negros,
deleitado por la miel de tus labios,
imaginando en un futuro los dos en un romance enquistados.

A lo lejos divisé dos almas compenetradas,
que amor se dispensaban con desenfreno ancestral.
Al entrar en la taberna, fue enorme la sorpresa,
cuando desde una nube advertiste mi rostro con diafanidad.

En un instante descubrí el engaño en que vivía,
ensalzando tus mentiras como mi única verdad.

La musa que me inspiraba a enfrentar lo insufrible,
que una torre había erguido con su asegurada lealtad,
un segundo precisó para derrumbar castillos y
abandonar la inmortalidad que mi ser le auguraba.

Es muy triste tu poema, amigo, cuando alguien nos engaña, se nos mueve el piso terriblemente para caer en un abismo de cruel, espero que éste no sea tu caso, pero por otra parte, aunque doloroso, es mejor saber con tiempo su deslealtad. Te mando un abrazo enorme. Es un placer pasearme por tus letras.
 
Se puede sobrevivir?...de hecho si, pero quedan heridas que dificilmente se borran en sus cicatrices...un fuerte abrazo para vos y este tema que siempre será espinoso y que sin embargo es parte de la cotidianidad de tantos...
 
Pequeñas dagas incrustabas,
palabras envenenadas
que, sin saberlo, socavarían mi seguridad y
desvelarían mi fragilidad que olvidada se encontraba.

A los ojos me mirabas, sin pensar en ti confiaba,
una cara siempre dabas, de la que me enamoraba.

Sin embargo, una tarde cuando el rocío tus cabellos mojaba,
de la mano de él caminabas.

En una mesa ensoñando me encontraba estar
acunado entre tus brazos,
deslumbrado por el refulgir de tus bellos ojos negros,
deleitado por la miel de tus labios,
imaginando en un futuro los dos en un romance enquistados.

A lo lejos divisé dos almas compenetradas,
que amor se dispensaban con desenfreno ancestral.
Al entrar en la taberna, fue enorme la sorpresa,
cuando desde una nube advertiste mi rostro con diafanidad.

En un instante descubrí el engaño en que vivía,
ensalzando tus mentiras como mi única verdad.


La musa que me inspiraba a enfrentar lo insufrible,
que una torre había erguido con su asegurada lealtad,
un segundo precisó para derrumbar castillos y
abandonar la inmortalidad que mi ser le auguraba.

No es tan bueno como el poema que tienes colocado en Mi Obra Maestra, pero aun así es muy deleitable su lectura. Me gustó la estrofa que te subrayé por el juego de antítesis entre el binomio mentira/verdad.
Saludos, poeta.
 
Pequeñas dagas incrustabas,
palabras envenenadas
que, sin saberlo, socavarían mi seguridad y
desvelarían mi fragilidad que olvidada se encontraba.

A los ojos me mirabas, sin pensar en ti confiaba,
una cara siempre dabas, de la que me enamoraba.

Sin embargo, una tarde cuando el rocío tus cabellos mojaba,
de la mano de él caminabas.

En una mesa ensoñando me encontraba estar
acunado entre tus brazos,
deslumbrado por el refulgir de tus bellos ojos negros,
deleitado por la miel de tus labios,
imaginando en un futuro los dos en un romance enquistados.

A lo lejos divisé dos almas compenetradas,
que amor se dispensaban con desenfreno ancestral.
Al entrar en la taberna, fue enorme la sorpresa,
cuando desde una nube advertiste mi rostro con diafanidad.

En un instante descubrí el engaño en que vivía,
ensalzando tus mentiras como mi única verdad.

La musa que me inspiraba a enfrentar lo insufrible,
que una torre había erguido con su asegurada lealtad,
un segundo precisó para derrumbar castillos y
abandonar la inmortalidad que mi ser le auguraba.

Versos dolientes en un poema que destella tristeza... es un gusto leerte. mis saludos para ti. Big
 

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