hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
La mirada oblícua...
Las manos pálidas
que retorcías
eran dos pájaros blancos
que se morían.
Las palabras rotas
que se caían
de tu boca seca
que se mordía.
La postura tiesa,
como encorvada,
parecías estar viviendo
vida prestada.
En fin...
Todo ellos junto
cruel me decía,
que ya no había dudas,
que me mentías.
No dije nada,
como si no importara,
mientras mis muros internos
se derrumbaban.
Me alejé lentamente,
tan sin apuro,
como si supiese donde quedaba
mi gris futuro.