Metal Fundido

Sus ojos café lloraron

lágrimas de dolor.

Sus labios temblaron...

Sin escudo quedó!

De la tierra escuchó el grito

que no pudo ocupar,

e hincado en el fango

su faz apagó.

Un azulejo de cielo

le sirvió de espejo,

y en su oído el aire le susurró:

Donde está el guerrero

que a mil bestias destrozó?

-Y de nuevo lamentó-

-Su barbilla mirando al Sol-

-Se levantó-

En su lento caminar

quebró una sonrisa:

arqueada,

precisa,

-Y continuó-

Empuñó de nuevo su espada

apresurando su paso;

apretó sus dientes

y respiró.

Nuevamente una brisa su oído alcanzó

revelándole su resolución:

Amar de corazón y perder,

es conservar,

agradecer,

y renacer.
Un buen poema
De épocas donde el amor era real


Grato leerte
 

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