METAMORFOSIS DE UN MITO
(Alcíone y Ceix, con Pegaso como invitado)
La soledad entra por los espejos vacíos
Gilberto Owen
El desbridado galope del ambarino caballo
a través del irrevocable prado de la noche
deshace constelaciones y jugadas de ajedrez
yo lo contemplo desde mi estrella fugaz.
Como tierra entumecida son sus quijadas broncíneas
no nacen en los hielos tumefactos las orquídeas prometidas
y el ritmo de su galope es un tambor enclaustrado
en la selva embravecida por secretos de chamán.
La soledad de Alcíone lo intimida y brotan alas de acero
en sus flancos de arrebol engendradores de ocasos
es la muerte del amor la venganza de los dioses
y es el caótico cántico claustral de los perdidos hemisferios.
Las piedras, siempre las piedras, cantan despavoridas en su caída al abismo
enamoradas de aquella negrura sin fondo donde revelarán sus secretos
el amor que engendra muerte y nuevas piedras cantoras
y los brutales quejidos de las aves que antes admiraban con su canto.
Caídas como hojas de cimitarras quebradas
las manos de los amantes se esconden tras las farolas de gas
es la hora en la que pasa el último tranvía
y los sueños bien plegados en sus fundas salen a respirar.
El viejo caballo ambarino piafa con la impaciencia de un potro
trata de reordenar las difusas constelaciones inspirándose
en las modernas pinturas de Pollock pero desiste y busca lírica luz
en los sonidos trepidantes de las piedras que caen en el abismo.
Nunc et semper la tragedia continúa y la commedia è finita
Alcíone es liberada de su carnal envoltura
y vuela libre por el irrevocable prado de la noche
Pegaso pace tranquilo entre los restos de la partida de ajedrez inconclusa
Espera la sangre de otro poeta…
Ilust.: Carlo Carrà. “Funeral por el anarquista Galli (1910/11)
(Alcíone y Ceix, con Pegaso como invitado)
La soledad entra por los espejos vacíos
Gilberto Owen
El desbridado galope del ambarino caballo
a través del irrevocable prado de la noche
deshace constelaciones y jugadas de ajedrez
yo lo contemplo desde mi estrella fugaz.
Como tierra entumecida son sus quijadas broncíneas
no nacen en los hielos tumefactos las orquídeas prometidas
y el ritmo de su galope es un tambor enclaustrado
en la selva embravecida por secretos de chamán.
La soledad de Alcíone lo intimida y brotan alas de acero
en sus flancos de arrebol engendradores de ocasos
es la muerte del amor la venganza de los dioses
y es el caótico cántico claustral de los perdidos hemisferios.
Las piedras, siempre las piedras, cantan despavoridas en su caída al abismo
enamoradas de aquella negrura sin fondo donde revelarán sus secretos
el amor que engendra muerte y nuevas piedras cantoras
y los brutales quejidos de las aves que antes admiraban con su canto.
Caídas como hojas de cimitarras quebradas
las manos de los amantes se esconden tras las farolas de gas
es la hora en la que pasa el último tranvía
y los sueños bien plegados en sus fundas salen a respirar.
El viejo caballo ambarino piafa con la impaciencia de un potro
trata de reordenar las difusas constelaciones inspirándose
en las modernas pinturas de Pollock pero desiste y busca lírica luz
en los sonidos trepidantes de las piedras que caen en el abismo.
Nunc et semper la tragedia continúa y la commedia è finita
Alcíone es liberada de su carnal envoltura
y vuela libre por el irrevocable prado de la noche
Pegaso pace tranquilo entre los restos de la partida de ajedrez inconclusa
Espera la sangre de otro poeta…
Ilust.: Carlo Carrà. “Funeral por el anarquista Galli (1910/11)